Rodolfo Puiggros y la construcción del peronismo revolucionario

 
Para el PC el problema estaba en que la Argentina era un país agrario y con fuertes resabios feudales. Par los futuros rupturistas y críticos, justamente, la tesis recién mencionada era lo que ataba al PC a inclinarse a posiciones cada vez más reformistas. Eso planteaba Giudici en sus trabajos y lo hizo también Puiggros en los suyos. El tema era que la Argentina en los cuarentas y especialmente con el peronismo había (para estos críticos) superado esa etapa y estaba en condiciones de ir por más. Para Giudici en 1940 “estamos en una situación intermedia, de franca transición entre una economía agropecuaria con evidentes restos feudales (…) a una economía industrial”. Pero en el setenta el mismo autor señala que Argentina es un país capitalista y la tarea que corresponde es estudiar los métodos para la nueva etapa “el frente unitario que se corresponde con ella con vistas a la toma del poder y los medios para llegar a él”: es su ruptura con el PC. La que Puiggros concretó dos décadas antes cuando teorizó al peronismo con “revolución nacional” y culminación de las tareas democrático burguesas planteadas por el partido.
 
En 1957 Puiggros publicó un artículo en la revista Estrategia en el que delimitó su interpretación del peronismo diferenciada de sus antiguas posiciones en la MOC dando un nuevo paso. Allí calificaba al movimiento de Perón como de liberación nacional sustentado en la clase obrera y consideraba que las limitaciones del mismo podían ser superadas si la clase obrera se constituyera como actor independiente (es importante el contexto en el que fue enunciada esta posición: la clase obrera reafirmaba su identidad peronista y enfrentaba a un  gobierno claramente patronal). En 1958 publicó El proletariado en la revolución nacional en donde reafirmaba el rol progresivo del peronismo y su proyecto burgués nacional, y la necesidad de  constituir a la clase obrera como dirección. En este sentido vemos como Puiggros asume una interpretación de la historia en la cual los hombres son condicionados fuertemente por las condiciones estructurales en las que se mueven: Perón será revolucionario porque la nueva etapa de la lucha de clases en Argentina así lo impone, de la misma forma que tuvo que hacer una enorme cantidad de concesiones a los trabajadores en el 46-55 porque las condiciones se lo impusieron. Planteaba Puiggros: “Si bien (el peronismo) dio a estas luchas en medida extraordinaria, un contenido de liberación nacional, no estableció una separación política neta entre los intereses de la burguesía y los del proletariado. La conciliación absoluta entre la burguesía y el proletariado es antihistórica y utópica. No existe ni puede existir un Estado equidistantes de las clases (…) Ese equilibrio que buscaba Perón (…)  era sumamente inestable y aleatorio Tarde o temprano tenía que romperse. Entre tanto sometía al Estado a un apolítica oscilante y lo conducía a un callejón sin salida (…) La única garantía que la pirámide de Jauretche no de desplome reside en el papel dirigente de esa conjunción de clases sociales que asuma el proletariado”. [32]
 
Este será una tesis común a toda la izquierda peronista en los setentas. Decía Carlos Olmedo líder de la Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) en 1971 que “Nosotros pensamos que la doctrina justicialista es la expresión elaborada de una etapa de la experiencia de nuestro pueblo en la que, junto con la afirmación de las tres banderas fundamentales -la justicia social, la independencia económica y la soberanía política (…) se expresa y se concibe la posibilidad de una integración de los intereses de diversas clases y diversos sectores. Si lo que se pretende al hablar de doctrina justicialista, es fijar la historia, detener su curso y hacerle creer hoy a nuestro pueblo que es posible el capitalismo sin explotación, o que los intereses de los dominados y los dominantes pueden conciliarse nosotros decimos que eso no es justicialismo, que la doctrina justicialista ya no interpreta las necesidades del pueblo peronista.Nos parece más correcto decir que eso no es justicialismo, porque nuestro pueblo sabe perfectamente que la doctrina tiene que ser tan viva como la propia realidad y debe adecuarse a las etapas, a los ciclos, a los peldaños de la lucha por la liberación” [33] este es un elemento clave en el pensamiento montonero maduro. Las afinidades que emergen entre el método de interpretación de la realidad argentina de los guerrilleros peronistas y algunos planteos centrales de Puiggros no es sorprendente.
 
Podemos ver que, si bien en los escritos de Puiggros no aparece una defensa abierta del método guerrillero, ni de sus planteos teóricos se deduce centralmente en el tema de la lucha armada como vía hacia el poder para la clase obrera, si vemos que el intelectual recorrió un trayecto político que lo acerco a los guerrilleros; y que a su vez los guerrilleros que adscribieron al peronismo desde ideas de izquierda encontraron en él un arsenal de herramientas y justificaciones teóricas importante.
 
En una fecha tan temprana como 1967, con el Che recién caído en Bolivia, Puiggros escribe un artículo para la revista chilena Punto Final[34] en donde emprende una crítica al Partido Comunista por sus definiciones (en un escrito firmado por Rodolfo Ghioldi entre otros) contra el libro de Regis Debray Revolución en la revolución. No encontramos aquí una defensa directa de Debray, sino un ataque sistemático a todas las ideas centrales de la posición comunista. Y a través de este ataque una defensa de los movimientos de masas como el peronista “si las izquierdas latinoamericanas reflexionaran auto-críticamente sobre las causas que las mantienen (…) al margen del proceso histórico descubrirán que una (…) es que se opusieron y se oponen a toda manifestación espontánea del movimiento de masas” agregando que debería ser “encauzarlo y dale conciencia revolucionaria”. Con la misma lógica indirecta defiende a los que se aventuran en estrategias de nuevo tipo como la guerrilla y a los que se alejan de la dirección del PCA en pos de la nueva estrategia: ”Por razones obvias (los dirigentes del PCA) carecen de aptitudes para altar alambrados, escalar montañas o dormir a la intemperie, (…) pero lo menos que podría pedírseles es respeto y comprensión hacia los revolucionarios (…) tropiezan con insalvables dificultades para convencer a los jóvenes que los sigan en caminos sin esperanzas”. El epígrafe de la foto que ilustra su artículo recoge una frase de Fidel Castro en la conferencia de la OLAS de 1967 “Los maduros, los súper maduros se han madurado tanto que se han podrido…”.
 
Los escritos de Debray en pocos años perdieron consenso entre los partidarios de la lucha armada. A su vez Puiggros enfrenta en este artículo la crítica del PC a cualquier desviación de la estrategia tradicional del partido y no se detiene en analizar a Debray ni a proponer la lucha armada directamente, vemos como en una fecha tan temprana para la Argentina como 1967 nuestro intelectual continúa posicionado dentro de las líneas generales de la “nueva izquierda” y dentro del matiz de la misma que acepta al peronismo y a la guerrilla, no es sorprendente sus afinidades con Montoneros en el futuro.
 
Las mismas FAR y Montoneros posteriormente se consideraran como el intento de construir era fuerza política que garantice los intereses socialistas estratégicos de los trabajadores peronistas dentro del movimiento peronista. ¿Cómo era el Frente nacional para Puiggros? En polémica con Frondizi y Milciades Peña reafirma la existencia de una burguesía nacional con contradicciones con el imperialismo y la necesidad de constituir un frente “abarcando todas las clases y sectores que constituyen la nación” frente a las ideas “trozquizantes” de una unidad del proletariado mundial contra la burguesía. Pero se delimita nuevamente del los nacionalistas populares con la definición de la necesidad de la “lucha por la hegemonía del proletariado en el terreno práctico de la conquista de la hegemonía dentro del gran movimiento nacional emancipador”[35]. En el mismo sentido Montoneros planteará su rol dentro del peronismo. Montoneros explicaba el carácter del peronismo en la lucha por la liberación nacional de la misma manera. Planteaban existe el movimiento peronista con un conductor que es Perón, que además es el líder de los trabajadores; pero también está Montoneros, que es la vanguardia y garantía de la hegemonía de los intereses obreros, y el Frente de liberación nacional que no es el peronismo sino un espacio que se cruza con él pero no coincide totalmente y debe incluir a otros sectores de izquierda y fracciones de la pequeña y mediana burguesía no peronista. Y más adelante escribían “la contradicción entre FATE y Good Year es clara, pero entre FATE y Fiat no, porque FATE le puede hacer los neumáticos a Fiat, en cambio uno compra neumáticos a FATE o a Good Year”[36](debemos aclarar que FATE era nacional, propiedad de José Ber Gelbar, y Good Year extranjera). De esta forma Montoneros definía la contradicción principal y como constituía su alianza de clases, la cual “es definida como (la alianza) de fuerzas del imperialismo con sectores de la oligarquía y la gran burguesía nacional que están asociados al imperialismo en contra del resto de la nación, es decir, los trabajadores, pequeña y mediana burguesía” una aplicación práctica de las ideas de Puiggros.
 
Algunas tesis fundamentales
 
Un aporte decisivo a la cosmovisión de la izquierda peronista fue la distinción conceptual entre las causas internas y las causas externas del devenir histórico de una formación social. Esta distinción y el eje puesto por Puiggros en las causas internas fueron decisivos para la articulación del marxismo con el sentido común del peronismo en la resistencia. Justamente Puiggros atribuía las dificultades que tuvo la izquierda clásica para comprender al peronismo, en el hecho de ver todos los acontecimientos internos como reflejos de lo ocurrido en otros lugares. El peronismo había sido nazifacismo para el PC y el PS al interpretar las contradicciones internas a la luz de las contradicciones europeas. Por eso para Puiggros “a los políticos que se valen de la historia y la economía como muletillas para justificar militancias ajenas o contrarias al devenir nacional, les viene de perilla las tesis de los economistas e historiadores que ocultan o subestiman la función determinante de las causas internas en el desarrollo de la sociedad”.
 
Señalaba que: “las causas externas intervienen en los cambios sociales por intermedio de las causas internas y en la medida que estas últimas se lo permiten”. Amparándose en la autoridad de Lenin, esta operación era intrínseca a la “ley general de la dialéctica” de estudiar “la contradicción en la esencia misma de las cosas”. Así desde esta posición criticaba  a la izquierda tradicional en su práctica política “nunca fueron capaces de asociar las causas externas con las causas internas, ni hacer que las causas externas fueran absorbidas por las causas internas, ni que el socialismo se realizara partiendo de las condiciones materiales del desarrollo social argentino”[37]. Tarea a la que él intentaba abocarse en los años subsiguientes y que definimos como la configuración de un nuevo bloque histórico.
 
Pero es Mao Tse Tung en su tesis Sobre la contradicción, donde se encuentra mas desarrollada la concepción que Puiggros elaborada para explicar la relación de la izquierda con las masas populares en la historia argentina. El líder Chino planteaba que “según la dialéctica materialista, los cambios en la naturaleza son ocasionados principalmente por el desarrollo de las contradicciones internas de ésta, y los cambios en la sociedad se deben principalmente al desarrollo de las contradicciones internas de la sociedad, o sea, las contradicciones entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción, entre las clases y entre lo viejo y lo nuevo. Es el desarrollo de estas contradicciones lo que hace avanzar la sociedad e impulsa la sustitución de la vieja sociedad por la nueva. ¿Excluye la dialéctica materialista las causas externas? No. La dialéctica materialista considera que las causas externas constituyen la condición del cambio, y las causas internas, su base, y que aquéllas actúan a través de éstas”[38]. La diferenciación entre tipos de causas que planteaba en Historia crítica… está claramente emparentada con la concepción maoísta aunque en el desarrollo puigroseano de la misma el foco es puesto más fuertemente en el aspecto nacional. No existen referencias directas de Puiggros a Mao que nosotros hayamos detectado. Pero consideramos que la tesis de Mao data del 1937, del 49 el triunfo de la revolución China y una mente atenta podía ver la distancia existente entre la estrategia del PC chino y la recomendada por la URSS.
 
Puiggros al igual que Mao nunca abandonó el ideal de ortodoxia marxista; por lo tanto la afinidad de las tesis de las causas internas puigroseana y maoísta es evidente. Teniendo en cuenta la erudición de Puiggros es probable una influencia no declarada del líder chino sobre intelectual el argentino[39]
 
En el capítulo “El imperialismo como categoría histórica” del Proletariado en la revolución nacional[40]  diez años después de la publicación de Historia crítica… Puiggros delimita nuevamente las implicancias de las causas internas frente a nuevos impugnadores de izquierda como Silvio Frondizi (y también Milciades Peña). Frondizi había presentado recientemente su tesis de la “integración mundial capitalista” en su libro La realidad Argentina. Un ensayo de interpretación sociológica. Para Frondizi el capitalismo tendía a la mundialización bajo la potencia rectora de los EEUU y de la misma forma la lucha por el socialismo debía tender a la internacionalización. Puiggros carga duramente contra esa teoría acusándola de ser un “espejismo infantil de una lucha imaginaria entre un capitalismo que se integra y un socialismo que se internacionaliza”, insistiendo en el carácter nacional de la lucha. El carácter progresivo que Puiggros ve en el nacionalismo de los países coloniales o dependientes es desarrollado en el capítulo tres “El nacionalismo y los cambios sociales” de El proletariado… donde nuevamente polemiza con la izquierda no nacionalista tanto tradicional como nueva. La defensa puiggroseana de los movimientos nacionales y del nacionalismo de los países oprimidos parte de la misma base teórica la tesis de las causas internas. La adscripción universalista era atribuida por los marxistas nacionalistas a los marxistas no peronistas y por Montoneros al PRT y fue un caballito de batalla que se repite en las discuciones de la guerrilla peronista con los perretistas[41].
 
Su crítica al mecanicismo comunista no lo distanció de su convicción de la necesidad histórica del socialismo.“La interpretación idealista de lo universal ha constituido desde su nacimiento la modalidad esencial de los intelectuales y dirigentes de los partidos socialista y comunista en la argentina. Salvo excepciones aisladas que todavía no se proyectan en un gran movimiento de masas. Esto dirigentes e intelectuales conciben al socialismo y al comunismo, como universales, que tarde o temprano obligarán al país a entrar por su camino y no como FRUTOS INEVITABLES del desarrollo de lo singular en nuestra sociedad. Repudian lo singular por contradictorio impuro y adoran o universal por exento de contradicciones e inmaculadamente abstracto” [42].  Entonces sus críticas iban orientadas mas bien, no al núcleo duro del marxismo, sino a la utilización de él dada por la izquierda argentina. Según Puiggros este planteo “mecánico” disolvería la contradicción permanente que existió entre la “causa interna” del desarrollo nacional y la “causa externa” de la intervención imperialista. Para él la ley de la dialéctica gobernaba a relación entre ambas pero el origen de proceso debía iniciarse desde adentro de la materia, desde  lo nacional.
 
 Por eso “La revolución industrial presenta dos caras (…) la del nacimiento del capitalismo y la de su decadencia y muerte del capitalismo y la génesis de la revolución socialista. La primera corresponde a los orígenes capitalistas  de los países calificados actualmente como “desarrollados”  y la segunda impele a los países clasificados actualmente como “subdesarrollados” a alcanzar y superar a aquellos más allá del capitalismo”[43]. Esta definición marca la concepción de Puiggros respecto a la NECESARIA tendencia al socialismo y en ese sentido continúa con la tradición filosófica más dura del marxismo. Lo que Puiggros acentúa y modifica es la tendencia (también necesaria) socialista de los procesos de liberación nacional y descolonización de los países oprimidos durante el periodo de posguerra. Es claro que sus ideas se originan a partir de las tesis de la Tercera internacional comunista respecto de los países oprimidos. También la podemos relacionar con los planteos Montoneros y de las FAR (y de la izquierda peronista en general) respecto a la necesaria tendencia socialista que el movimiento de Perón tomaría al ser nacionalista e industrialista[44].
 
Puiggrós sostenía que las causas externas de la era del imperialismo obtenían su eficacia a través de las internas. Y, en contradicción con ello también se presentaban tendencias interiores que propendían al “autodesarrollo” y, por ende, a la liberación nacional. Como vimos el privilegio otorgado a las causas internas, encontraba buena recepción en un ambiente en el que el nacionalismo peronista se transformaba en sentido común de muchos sectores y en el que la intelectualidad rompía con las visiones clásicas y buscaba una relectura de la propia sociedad. De la misma forma que los procesos que rompían con la ortodoxia pro soviética eran releídos en clave de liberación nacional en los círculos intelectuales y militantes de la nueva izquierda.
 
En su avance a la plena identificación como miembro del amplio arco del movimiento peronista Puiggros ajusta su explicación histórica encontrando una línea de evolución que preanuncia las tareas políticas y organizativas del momento para el peronismo revolucionario. Si en Historia crítica… ajusta cuentas con su pasado y presenta una matriz teórica explicativa de los procesos históricos con la que replantea la cuestión nacional. En El proletariado en la revolución nacional avanza en dos sentidos fundamentales y complementarios: en la presentación de movimiento obrero peronista como expresión de la conciencia de clase revolucionaria propia de las causas internas de nuestro país y en la presentación del Estado peronista como una herramienta en disputa entre obreros y burgueses.
 
Las concepciones puiggroseanas respecto del Estado peronista se encuadraban en una concepción de Estado como aparato o herramienta “el Estado en si no puede ser calificado de progresista o reaccionario, de opresor o emancipador. Todo depende de su contenido de clase y del carácter de su intervención en la vida económico-social. Puede conducir al socialismo o impedirlo…”[45]. Como la industrialización en los países oprimidos implicaba tendencias socializantes en sí, y la herramienta por antonomasia para romper con la dependencia y el atraso impulsar esa industrialización era el Estado, este debía ser “inevitablemente el arma del proletariado (…) para construir la nueva sociedad socialista”[46].
 
Y más adelante continuaba, “La planificación peronista fue parcial, dejando amplio margen a la economía y la propiedad privadas. (…) Pero aún la gestión privada (…) no puede desenvolverse, entre nosotros, sin la protección y ayuda del Estado” se refiere a la industria no monopolista ni vinculada al capital extranjero la “creadora”. Aquí aflora la idea de una economía de transición, mixta con fuerte orientación estatal, una economía de transición cuya afinidad con la idea de capitalismo de estado popular también “de transición” pregonaba Montoneros en 1973[47]. “La efectividad de la lucha antiimperialista descansa en nuestra capacidad para organizar las condiciones internas (…) no solo desarrollar las bases económicas propias, sino también tratar con las empresas extranjeras y absorber capitales del exterior (…) con la meta de acelerar el fortalecimiento económico y financiero del país”[48].
 
Esa interpretación fue la hecha por Montoneros en relación a las posibilidades del pacto social: un espacio de tiempo que permitiera el nuevo estado acumular los recursos necesarios para realizar la transición. Hipotetizaban los guerrilleros peronistas en 1973 que “derrotar al imperialismo significa derrotar a un sector importante de la patronal (…) se estatiza o se socializa (…) Es decir determina esa realidad de estructura que el proceso de liberación nacional sea tendiente al socialismo. No existe otra posibilidad porque no existe la posibilidad de capitalismo nacional, esto es así porque la burguesía de un país dependiente no tiene la acumulación de capital suficiente para independizarse del imperialismo, es decir tiene que competir en términos mundiales (…) En consecuencia hay que desarrollar un proyecto cuyo sistema socioeconómico, político, sea distinto al anterior”. Al igual que Puiggros Montoneros entendía que la hipotética revolución no iba a establecer un régimen socialista de inmediato, de ahí que la definiera claramente como de “orientación socialista”, considerando que se debía proponer una teoría de la transición. “Habrá que recorrer una etapa de transición desde una estructura capitalista liberal y dependiente hacia una estructura socialista independiente”.
 
Y más adelante Puiggros, en el capítulo sobre le peronismo de El proletariado… vuelve sobre otra de las ideas fuerza que esgrimía en defensa del gobierno de Perón al interpretarlo como un paso hacia el socialismo. Afirmaba que “nacionalizar no equivale a socializar en el pleno sentido de la palabra (…) capitalismo de estado es todavía capitalismo, pero un capitalismo que (…) trae en sus entrañas elementos del socialismo”[49]. Es decir las estatizaciones por un lado mostraban el carácter progresivo. Y por otro Puiggros se pregunta “¿Cuál era (…) la clase económicamente dominante?” durante el gobierno de Perón y como era la ecuación de fuerzas en esa época. Y responde que la enorme presencia del movimiento obrero organizado en el origen del peronismo y la necesidad de apoyarse en él para realizar las tareas de la “revolución nacional” hacia que el estado justicialista tuviera una condición ambigua “una tendencia a buscar el equilibrio entre las clases, a colocarse por encima de las clases”  (…) “estableciendo un equilibrio inestable y provisorio entre la burguesía y el proletariado, equilibrio sin perspectiva histórica, correspondiente a una etapa de transición”[50], pero que implicaba matizar el carácter estrictamente burgués que desde el resto de la izquierda se le adjudicaba.
 
Dos polémicas para definir límites
 
Es una polémica interesante la que sostuvo Puiggros con Arturo Jauretche en 1957. En ese momento es el de la transición de Puiggros hacia su identificación como parte del movimiento peronista y cuando Jauretche jugaba sus fichas en el desarrollismo frondizista. El ex Forjista acusaba mordazmente como era su costumbre al historiador de marxista marginal al movimiento y obrerista abstracto, defendiendo un programa de frente nacional encabezado por la burguesía nacional. Puiggros recogiendo el guante respondió “Ya que usted no quiere escrutar las causas de su fracaso, le ahorraremos el trabajo. Dice en su libro Los profetas del odio (pág. 131): “Ni el proletariado, ni la clase media, ni la burguesía por sí solos pueden cumplir los objetivos comunes de la lucha de la liberación nacional”. Su información es incuestionable. (…). Pero nuestras discrepancias comienzan cuando usted agrega que “el movimiento debe revestir la forma piramidal” y luego actúa como si la base de la “pirámide” -la clase obrera- tuviera que estar subordinada a la cúspide, o sea a la clase media o a la burguesía. Porque el quid de la cuestión consiste en que ese movimiento no es estático, sino extraordinariamente dinámico. Dentro de él hay fuerzas sociales que se disputan la dirección, quiéralo o no usted. Por ejemplo: el voto en blanco fue el 28 de julio una manifestación de la independencia y del poder de la clase obrera y no un renunciamiento o ruptura del movimiento nacional liberador. (…) Usted, doctor Jauretche, concibió su pirámide desde el punto de vista del interés de la burguesía y la clase media. Por eso su pirámide se derrumbó, como castillo de naipes, ante la decisión de la clase obrera. Y su fracaso será mayor si insiste en organizar el movimiento en forma piramidal sobre las espaldas de los trabajadores.[51]
 
La concepción de frente de liberación nacional de Puiggros es clara en esta polémica como años después lo desarrolló en El proletariado… También se mantiene firme su idea fuerza de cómo debe evolucionar naturalmente el peronismo hacia un movimiento con hegemonía obrera, o mas bien con una conducción que garantice la hegemonía obrera. Concepción que mantendrá hasta el final de sus días y que fue la piedra de toque de toda la izquierda peronista. Es bueno aclarar que Jauretche virará hacia posiciones más de izquierda en los años siguientes.
 
En 1965 desde México Puiggros establece una nueva polémica destinada a hacer escuela. Entra en debate con André Gunder Frank en torno a la definición de los modos de producción en América latina. En esta polémica se enfrentan dos concepciones generales: la idea del modo de producción capitalista vista a través del sistema mundial y la circulación de mercancías y la concepción del modo de producción definido desde adentro del mismo a través de la relaciones de producción[52].
 
Dice Puiggros “No podía haber definido con mayor exactitud el abismo que nos separa: el doctor Frank parte del "sistema mundial" y nosotros partimos de los modos de producción que se crearon en Ibero América con la colonización hispano-portuguesa. Su punto de vista es el de la mentalidad colonial —mentalidad metafísica— que ve en las sociedades latinoamericanas meros reflejos de Europa, de los Estados Unidos o de los países socialistas, cuyo destino está unido desde el origen a causas externas decisivas.”
 
Más adelante en el mismo artículo plantea el posible funcionamiento de las abstracciones y su relación con el proceso concreto “Los esquemas históricos no carecen de valor como instrumentos de investigación y bases para reunir los caracteres comunes de determinada formación social. Son, por el contrario, imprescindibles en el proceso de generalización y abstracción, pero siempre que se vea en ellos nada más que la clasificación abstracta de una realidad riquísima en matices y se tenga presente el mundo de contradicciones que hierve debajo de ellos.”[53]Aplicando aquí su interpretación de la vieja discusión en torno a los universales entre realismo y nominalismo, que también será retomada por Olmedo en las discusión con el ERP “La ilusión de una política marxista universal lleva a estos errores  metodológicos, (…) Resulta que para estudiar la sociedad argentina en su composición y movimiento hay que empezar… por la situación de la economía capitalista mundial y la lucha revolucionaria internacional. (…).”
 
Plantea más adelante Olmedo en el mismo artículo que “Consecuentemente con esto, el punto de partida de cualquiera de nuestros análisis está situado en la sociedad argentina real y concreta y nuestra estrategia se basa ante todo en el estudio y conocimiento de las peculiares condiciones en que nuestra patria se desenvuelve.”. Vemos que tanto para Puiggros como para Olmedo podríamos seguir pensando en la influencia del pensamiento maoísta ya que Mao planteaba que todo parte de los concreto y la abstracción debe volver a los concreto para verificarse y seguir desarrollándose. Pero creemos que a esa conclusión se puede llegar desde varios puntos de partida diferentes, en cambio el aspecto del pensamiento puigroseano relacionado con las causas internas es similar al de Mao no solo en el concepto sino en la forma en que es enunciado.
 
La polémica con Gunder Frank es parte del esfuerzo de Puiggros de poner el eje de la reflexión histórico política en las causas internas. Este esfuerzo es acompañado por otro, más moderado esfuerzo, de matizar el determinismo comunista.  Recupera, entonces, dos elementos muy poco trabajados en la época: la transición al socialismo desde las economías capitalistas atrasadas contemporáneas (muy útil a las organizaciones guerrilleras que luchaban por la revolución socialista) y la categoría de modo de producción asiático[54].  En ambos casos Puiggros planteaba una renovación dentro de la ortodoxia, rechaza la existencia de un modo universal de concebir la evolución de las sociedades (como el comunismo soviético y sus seguidores argentinos) pero no incorpora las posturas más heterodoxas. Adapta las tesis más generales (como la de los cinco estadios) a la realidad política Latinoamericana de movimiento revolucionarios prosocialistas. Y adscribe a la idea de particularidades específicas que escapan a la categorización universal de los cinco estadios y por ello se vale de un redescubrimiento de la época que le permite un punto de partida local para estudiar el periodo  precolonial: el modo de producción asiático. O sea, si bien mantiene la  concepción de evolución necesaria se aleja de doctrina comunista formal de evolución necesaria y universal rescatando categoría que le permitan explicar evoluciones nacionales particulares, sobre todo para los países oprimidos. Entonces, de la misma forma y con estas concepciones puede ver al peronismo como una transición necesaria y pensar dos etapas del mismo Una democrático burguesa agotada en 1955 y otra necesariamente más avanzada que debería surgir con el nuevo peronismo de la resistencia con hegemonía y dirección de orientación obrera.
 
En Historia crítica… escribía que los “derechos sociales y las conquistas gremiales que otorgó (Perón) a los obreros de la industria y el agro fomentaron en ellos la ilusión de que podían esperar de Perón  (…) el gran cambio revolucionario al que aspiraban…”[55] y en el mismo apartado insistía sobre las limitaciones de la pareja gobernante como la ausencia de una concepción que permitiera un avance a una etapa superior que garantizara los intereses obreros. Es en estas ideas donde el marxismo de Puiggros se hace más consecuente con las ideas de la tradición comunista que el propio comunismo vernáculo: Para Puiggros el rechazo integral del Partido comunista argentino y del Partido socialista, en el esquema evolucionista sostenido por la izquierda hasta entonces, iba en contra de la evolución natural del capitalismo argentino y alejaba al país del socialismo.