Claudio Katz1 //
Trump optó en el 2026 por un giro belicista, ante el fracaso económico que sufrió el año anterior. No pudo restaurar la primacía monetaria, comercial y productiva de Estados Unidos y se embarcó en ese viraje militarista.
En muy pocos meses apuntaló el genocidio en Palestina, consumó el secuestro de Maduro, desató la guerra contra Irán, convalidó las provocaciones contra Rusia, aprobó el rearme de Japón y multiplicó los pertrechos de Alemania. No solo dio carta blanca a los nuevos gastos del Pentágono, sino que reinstaló un clima internacional de guerra permanente. Ante la abrupta decepción que afrontó en la esfera económica, retomó el rumbo militarizado de Biden, Obama y Bush que esperaba modificar.
DESENGAÑOS EN TODAS LAS ÁREAS
Trump intentó engrandecer a los capitalistas de Estados Unidos a costa del resto el mundo, con políticas económicas coercitivas de sanciones, aranceles y chantajes. Pretendió revitalizar el alicaído imperio con el programa del empresariado americanista (que prioriza el mercado interno), en conflicto con sus pares globalistas (que jerarquizan los negocios en el exterior).
Inauguró ese rumbo con un premeditado caos en los mercados, difundiendo tablas de aranceles y bravatas comunicativas que apuntaban a imponer su autoridad. Trató de restaurar la hegemonía del dólar, reducir el déficit comercial e incentivar la repatriación de las grandes compañías.
Su prioridad era recomponer la preeminencia del dólar, forzando una cotización barata para exportar y un precio alto como reserva de valor. Buscó favorecer las ventas estadounidenses, asegurando al mismo tiempo el privilegiado status de la divisa yanqui como moneda mundial. Apostó a revitalizar el imperialismo del dólar y el consiguiente endeudamiento sin límite de la primera potencia, mediante la subordinación de todos los socios internacionales a las prioridades de Washington.
Trump pretendió reforzar esa primacía, para frenar la lenta pero sostenida tendencia a la desdolarización de las transacciones mundiales y no consiguió contener ese curso. China continuó su paulatino abandono de la divisa norteamericana y en el comercio energético, persistió la introducción de una nueva variedad de monedas de pago. Rusia India, Arabia Saudita, Turquía y Paquistán convalidaron ese giro y se renovaron los proyectos elaborados por los BRICS, para erigir un sistema monetario alternativo.
La misma frustración se verificó en el área comercial. Trump radicalizó la penalización aduanera, que emergió de la crisis financiera del 2008 y del declive de la globalización neoliberal. Transformó ese proteccionismo molecular en una brutal andanada de aranceles (García Linera, 2023).
Pero el magnate chocó con una generalizada resistencia que neutralizó su escalada. El grueso de los países afectados amenazó con duras represalias, que convirtieron su bravata aduanera en un papel mojado. Los alardes del magnate no tuvieron efectos disuasivos porque irrumpieron a destiempo histórico. La coraza comercial fue un instrumento efectivo para las potencias en ascenso, pero resulta poco viable para un país que perdió hace mucho tiempo esa juventud económica.
El fracaso proteccionista afectó también el nivel de actividad de la economía norteamericana, ya debilitada por la flaqueza del consumo y los fuertes riesgos inflacionarios. Los mensajes oficiales de penalizar las importaciones y proteger la producción local, potenciaron el encarecimiento de los insumos y acentuaron las tensiones que oponen a Trump con los popes de la Reserva Federal. Los funcionarios de ambos sectores no lograron conciliar la disminución de la tasa de interés -que promueve el magnate para evitar el freno de la economía- con el aumento de esa variable, que exigen los banqueros para apuntalar sus beneficios.
La guerra de Irán, el encarecimiento de la gasolina y el agravamiento del déficit fiscal multiplicaron esas divergencias. Trump ya gastó 25.000 millones de dólares en la aventura militar del Golfo Pérsico y juega con fuego, al incrementar el desbordado gasto público. El magnate no logró contener la preferencia por el oro y el deterioro de los bonos del Tesoro. Su política ofertista de bajar impuestos a los ricos incrementó adicionalmente los peligros del bache fiscal.
Pero el mayor fracaso de Trump se verificó en la reindustrialización. Convocó sin éxito a relocalizar empresas estadounidenses en su territorio de origen, reconociendo que la primacía yanqui en los servicios, las finanzas o el universo digital, no compensa el furibundo retroceso fabril que afecta al país. El cierre que propuso de la economía acentuó esa adversidad puesto que, en un escenario de cadenas de suministro globalizadas, el proteccionismo aumenta la diferencia de costos y la consiguiente inconveniencia de fabricar en Estados Unidos.
Trump no introdujo ningún incentivo para revertir la baja productividad de la economía estadounidense y la financiarización de sus empresas. En el primer año de su segunda gestión, no se verificó el menor atisbo del resurgimiento industrializador que esperaba (Lapavitsas, 2026).
Esa decepción reforzó su apuesta por la Inteligencia Artificial, como único soporte del renacimiento que promete el slogan de MAGA. El magnate juega todas sus cartas a ese desarrollo, incentivando la impresionante inversión bursátil que actualmente concentra esa actividad.
Un puñado de acciones vinculadas a la IA representa el 40% de toda la capitalización mercantil de las principales 500 empresas y las emisiones en curso de SpaceX, OpenAI y Anthropic recolectan cifras inéditas. Esa masa de dinero ya dejó atrás la oleada de las “Punto.com”, que acompañó al surgimiento de Internet en la década de 1990 y también la euforia ferroviaria del siglo XIX. El ímpetu especulativo actual repite esos dos antecedentes, mientras las firmas recolectoras del aluvión de dinero no tienen ingresos, ni rentabilidad acorde a las expectativas que están generado.
Han suscitado una ebullición del sector tecnológico, que contrasta con el deterioro competitivo que prevalece en el resto de las actividades y es un gran interrogante, cuál será el efecto de la IA sobre la productividad y las ganancias del conjunto de la economía. Los indicios de una descomunal burbuja financiera son tan perceptibles, como la gigantesca convulsión que produciría el desinfle de esa apuesta. Mientras espera eludir ese estallido durante gestión, Trump apuntala el viraje belicista (Roberts 2026).
FRACTURA EN LA ELITE, RECHAZO SOCIAL
El jefe de la Casa Blanca retomó también el curso militarista, para lidiar con su debilitamiento político interno. Esperaba contrapesar con éxitos bélicos en el exterior, la creciente fractura del bloque capitalista que lo llevó al gobierno. Ya se verifica una erosión de esa coalición, integrada por empresarios americanistas, firmas digitales, compañías del complejo industrial-militar, fracciones del poder financiero y empresas centradas en el mercado interno. Hay gran disconformidad y muchos sectores toman distancia del magnate.
Esas disidencias obedecen, en gran medida, a las disputas económicas en la cúspide, entre los proteccionistas extremos (Navarro) y los potentados con inversiones en el exterior (Musk). También chocan las vertientes corrientes y cripto del capital financiero y hay muchos de conflictos por los negocios en disputa. El primer mandatario se ha rodeado de empresarios ascendentes (tiburones), que litigan con sus pares del espectro tradicional (halcones).
Trump ha debido arbitrar entre intereses de todo tipo, pero su pérdida de autoridad se verifica en las votaciones adversas que enfrenta en el Senado y en los vetos que interpone la Corte Suprema a su política económica. El magnate ha quedado sometido a un chantaje permanente por sus vinculaciones con el depravado Epstein, que habría utilizado sus métodos de extorsión al servicio de la CIA y el Mossad.
Los documentos que afectan severamente a Trump reproducen la típica presión del “Estado profundo”, para ajustar las gestiones de todos los presidentes. Clinton sufrió una extorsión por conductas sexuales del mismo tipo que afronta el ocupante actual de la Casa Blanca. Si las disidencias suben de tono, siempre queda abierta la posibilidad de los extraños asesinatos que afectaron a otras figuras como Kennedy. Los sospechosos intentos de acabar con la vida de Trump encajan con esa tradición.
Pero el procedimiento más inmediato para acabar con un mandatario fracasado es la destitución que demolió a Nixon. Esa amenaza ronda seriamente sobre la continuidad de Trump, si en las elecciones de medio término pierde el control de las dos cámaras legislativas.
La gran mayoría de los comicios parciales y estaduales celebrados en los últimos dos años han sido adversos para Trump. Lo misma tendencia se verifica en todas las encuestas y sondeos de opinión. Esa disconformidad impacta en el propio seno del Partido Republicano, que incuba una creciente ala anti trumpista.
El declive se palpa en el campo cultural, dónde los principios racistas y chauvinistas de MAGA sufren cotidianos reveses. En los grandes espectáculos deportivos, teatrales o cinematográficos irrumpen fuertes expresiones de repudio a Trump. La gran mayoría de las personalidades con influencia en la opinión pública incentiva ese rechazo.
LA GUERRA INTERNA CONTRA LOS INMIGRANTES
Las aventuras bélicas son el tradicional escape a ese tipo de infortunios, pero Trump intentó utilizarlas, además, para mantener viva su cruzada contra los inmigrantes. Con esa campaña alimenta a una base social opuesta al progresismo liberal, que incuba sentimientos de revancha y hostilidad al prójimo, para enfrentar sus propias desventuras de pobreza, desamparo y bajos ingresos.
Los inmigrantes son el chivo expiatorio que Trump ha demonizado, al presentarlos como aprovechadores del bienestar ajeno. Propaga absurdas falsedades para incentivar un nacionalismo retrogrado de pobres contra pobres, que reemplaza el viejo racismo anti negro por una descalificación de los latinos.
Con ese estandarte alineó las incursiones bélicas en el exterior con la cacería interna de inmigrantes, multiplicando las deportaciones y otorgando plenos poderes a los grupos parapoliciales del ICE para acosar, golpear y detener a los indocumentados. Intentó gestar una verdadera guerra interna para reforzar su centralización del mando presidencial, mediante una campaña de enaltecimiento de la imaginaria etnicidad estadounidense, contrapuesta al universo multiétnico que impera en el país
Con esa prédica conservadora, el trumpismo intenta exacerbar un contrapunto cultural de Estados Unidos con el resto del mundo. Retoma el legado proteccionista y patriótico, en confrontación con el liberalismo cosmopolita, para regenerar postulados soberanistas asentados en el racismo y el anticomunismo. Se nutre de las tradiciones ultraderechistas, que en el pasado incluyeron gran afinidad con el Ku Klux Klan y el Apartheid sudafricano.
En esa ideología se sustentan las milicias neofascistas, que conforman el ala extrema del trumpismo y corporizan la nefasta tradición de violencia, en una sociedad corroída por endémicas masacres en las calles y los colegios. La militarización imperial externa que retomó Trump es el principal pilar de esas milicias y de su cultura bélica, viril y paranoica.
PROTESTAS POPULARES Y DEGRADACIÓN SOCIAL
Trump ha enfrentado un rechazo en las calles que socava su gobierno desde abajo. Esas protestas le propinaron en Minneapolis una gran derrota, tras el brutal asesinato de una mujer a manos de los criminales del ICE. Bajo el aluvión de repudios que suscitó esa matanza, debió retirar los grupos parapoliciales de la ciudad.
El magnate tuvo que lidiar con el mismo rechazo en las principales localidades del país. Para reprimir a las manifestaciones de Los Ángeles envió a la Guardia Nacional y mantuvo un choque frontal con el gobernador de California. El mismo tipo de confrontación se verificó en otros lugares y al final se impuso el repliegue de las milicias neofascista que sostienen sus provocaciones.
Esas bandas han quedado afectadas, además, por la extraordinaria participación de varios millones de personas en las marchas contra Trump. En más 2000 ciudades, las protestas convocadas bajo el lema unificador de “No Kings”, abrieron un canal de repudio masivo al mandatario.
También ha sido importante la convergencia de esas movilizaciones de defensa de los inmigrantes, con el repudio a las incursiones bélicas en el exterior. En las mismas redadas contra los indocumentados se registraron arrestos de veteranos que protestaban contra la guerra en Irán.
Muchos destacaron la presencia de un embrión de movimiento semejante al que convulsionó a todo el país durante la guerra de Vietnam. El legado de esa resistencia callejera está muy presente en la historia contemporánea del país. La batalla contra esa intervención imperial derivó en el fin del servicio militar obligatorio y la consiguiente ruptura de la participación de varias generaciones en incursiones externas (Chomsky, 2004). Ese corte introduce una barrera sustancial al relanzamiento del militarismo en gran escala. El viraje de Trump hacia la guerra confronta con el mismo límite que afectó a sus antecesores (Hernández Martínez, 2021)
Este escenario augura grandes dificultades para el magnate en las elecciones de noviembre. Trump forzó un acuerdo con Irán para enmascarar el fracaso de esa incursión, pero es muy improbable que esa distención le permita remontar su declive. Ha quedado también debilitado para avanzar en las maniobras de fraudes o proscripción, que sus allegados preparan para los comicios de medio término.
En este marco de adversidades se estrechan sus posibilidades de utilizar a su favor, el erosionado y anacrónico modelo político estadounidense. Un esquema estructurado en torno al multimillonario costo de las contiendas electorales y las interminables negociaciones entre los grupos de presión, ya no apuntala al magnate.
En esta ocasión serán definitorias las posturas que adopte la plutocracia digital, que primero controló y mercantilizó las redes y ahora busca extender ese manejo al sistema político. Está embarcada en forjar un modelo de “Pos democracia digital” directamente manejado por la elite de milmillonarios.
Pero Trump está principalmente golpeado por el incumplimiento de sus promesas de mejorar el nivel de vida de la población y comienza a sufrir en carne propia, la avería estructural del sueño americano. Estados Unidos ocupa el último escalón entre las naciones avanzadas en los indicadores de salud, el lugar 46 en esperanza de vida, el 27 en movilidad social y el 26 en indicadores educativos. Encabeza el ranking de personas encarceladas y muertes por armas de fuego o tiroteos escolares.
El país se ubica también en el podio de quiebras familiares por gastos médicos u obesidad infantil. Exhibe una sociedad interna fracturada, violenta y desigual, que ya no es vista como modelo por el resto del mundo (Torres López, 2026). El retroceso económico y la ruptura de la cohesión interna desmoronan esa vieja idealización (Chomsky; Prashad, 2012).
El fracaso de Trump confirma que no existe la menor posibilidad de recrear la era dorada del capitalismo estadounidense. Esa frustración deteriora la estrategia soberanista que propuso el magnate y que analizaremos en el próximo texto.
26-6-2026
RESUMEN
Frente a la decepción que afrontó en la economía, Trump retomó el rumbo militarista. No logró restaurar la hegemonía del dólar, ni reducir el déficit comercial o incentivar la repatriación de las grandes compañías. Tan solo añade riesgos con su apuesta por la burbuja de la IA. Optó por el belicismo para reforzar la persecución de inmigrantes, pero no contrarrestó su debilitamiento político interno y afronta el rechazo en las calles. No logra remontar el ocaso del sueño americano.
REFERENCIAS
-García Linera, Álvaro (2023) ¿Libre comercio? “Al infierno con eso», 25-2-2023
https://www.pagina12.com.ar/526478-libre-comercio-al-infierno-con-eso
-Lapavitsas, Costas (2026). «El poder del dólar depende más de la capacidad coercitiva de EEUU que de su economía» https://rebelion.org/el-poder-del-dolar-depende-mas-de-la-capacidad-coercitiva-de-eeuu-que-de-su-economia/
-Roberts Michael (2026). IA: Una oportunidad única
08/06/2026 https://www.sinpermiso.info/textos/ia-una-oportunidad-unica
-Chomsky, Noam (2004), Hegemonía o supervivencia, Grupo Editorial Norma, Bogotá (consultado el 26-4-2023)
-Hernández Martínez, Jorge (2021) Estados Unidos: hegemonía e imperialismo
Econ. y Desarrollo vol.165 no.1 La Habana ene.-jun. 2021, Epub 15-Dic-2020 http://orcid.org/0000-0001-7264-6984
-Torres López, Juán (2026). El doloroso declive de los imperios https://rebelion.org/el-doloroso-declive-de-los-imperios/
-Chomsky, Noam; Prashad, Vijay (2012) Introducción La retirada 15-9-2022 https://www.zendalibros.com/la-retirada-de-noam-chomsky-y-vijay- (consultado el 26-4-2023)
1Economista, investigador del CONICET, profesor de la UBA. Su página web es: www.lahaine.org/katz
