IRÁN TRASTOCA EL MEDIO ORIENTE

Claudio Katz1

La guerra de Irán remodeló el escenario geopolítico de Medio Oriente y la impactante derrota sufrida por Estados Unidos genera serios replanteos en la elite imperial. Algunos miembros de ese círculo aceptan el fracaso y proponen gestionarlo, otros exigen subir la apuesta bélica y la mayoría vacila sin definir el curso a seguir. Todos intuyen la cercanía de un punto de inflexión en el dominio regional de la primera ponencia, pero ese viraje aún depende del resultado del conflicto y del armisticio en marcha.

Nadie sabe qué duración y consistencia tendrá el acuerdo de alto fuego que se aprestan a firmar Estados Unidos e Irán. Son incontables los antecedentes de compromisos que violaron los gobiernos norteamericanos. Los términos que se conocen del convenio indican un categórico triunfo de Irán. Todos los analistas de la prensa internacional coinciden en destacar, que las condiciones exigidas por Teherán han prevalecido.

Trump no logró ninguno de los objetivos de su incursión bélica. No hubo cambio de régimen, desarme, ni limitación al uso de misiles. El magnate presenta como una gran victoria que Irán «nunca tendrá un arma nuclear», pero es una jactancia ridícula porque el gobierno de los Ayatollahs siempre rechazó la fabricación de esa bomba. Le asignó a esa restricción una dimensión religiosa (fatua) y estimó que ese instrumento no era útil para la defensa del país.

El compromiso a suscribir contempla las mismas limitaciones al enriquecimiento de uranio, que Teherán acepta desde hace décadas. En medio de su fracasada guerra, el Pentágono intentó asaltar y robar los depósitos de uranio, en el operativo más fallido de toda la contienda.

El acuerdo permitiría en lo inmediato normalizar la navegación en el Golfo y disipar la amenaza de crisis económica por aumento del precio de petróleo, que tanto preocupa a Trump. Pero a cambio de ese gesto, el magnate debió comenzar a levantar las sanciones comerciales y financieras. También reconoce de hecho el reforzado control que Irán ha instaurado sobre el estrecho de Ormuz. En el escenario previo a la guerra no ostentaba un manejo tan significativo. En los últimos meses comenzó a cobrar importantes peajes y está en discusión qué forma asumirá esa percepción en el futuro.

El punto crítico es Israel, porque Netanyahu está empeñado en destruir el acuerdo con bombardeos al Líbano que demuelen todos los compromisos. Irán ya vetó el intento estadounidense de divorciar la tregua en el Golfo de la guerra que Israel despliega en sus fronteras. Por esa demanda de Teherán, la situación del Líbano quedó explícitamente incorporada en el convenio de alto fuego. Pero más allá de las incontables peripecias que afectarán a esa negociación, la guerra ha creado un nuevo escenario en toda la región.

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Trump lanzó el ataque esperando un rápido triunfo y afronta una derrota mayúscula. Por ese resultado quedó mareado, desesperado y temeroso de una gigantesca humillación. Su anunciada excursión de fin de semana derivó en un conflicto prolongado que el magnate no supo gestionar. Formuló propuestas impracticables, se contradijo todos los días y no encontró la manera de disfrazar su revés con proclamas de victoria.

Llegó a emitir apocalípticas amenazas de destrucción de la civilización iraní, para negociar de inmediato con la agenda de su enemigo. No logró procesar nunca la fulminante adversidad que afrontaron sus tropas frente a Teherán.

La primera sorpresa fue la oleada de misiles iraníes que destruyeron los radares estadounidenses del Golfo. La segunda conmoción provino de la magnitud del arsenal persa y la efectividad de sus disparos. Desplegaron una gran reserva de drones baratos, que anularon los carísimos e ineficaces interceptores de las baterías yanquis.

Rusia y China aportaron a los iraníes la información satelital requerida para alcanzar con certeza los objetivos de cada andanada. Teherán utilizó, además, nuevas tácticas navales, eficientes sistemas de defensa costera, vehículos no tripulados y lanchas de ataque rápido, que neutralizaron la monumental (y barroca) presencia de los navíos estadounidenses.

Al cabo de varios meses de confrontaciones han quedaron invalidados varios presupuestos del predominio imperial en la zona. Perdió credibilidad la primacía del Pentágono, la invencibilidad del militarismo israelí y la inmunidad de las dictaduras del Golfo.

Irán ganó la guerra con una estrategia de desgaste más efectiva, que la política de simple destrucción intentada por Estados Unidos (Poch, 2026). Trump apostó a un bloqueo naval para estrangular la economía iraní, con la expectativa de forzar la capitulación de su dirigencia. Pero ese liderazgo no se rindió y afrontó con éxito la aventura de su enemigo, recurriendo a una paciencia estratégica que doblegó al agresor. Teherán asimiló de Moscú y Beijing, la tónica exigida para confrontar con la torpeza y la improvisación que caracteriza al ocupante de la Casa Blanca.

La ceguera política del magnate lo llevó a imaginar un vertiginoso desmoronamiento del régimen iraní, luego de asesinar al presidente de ese país. Con la misma miopía apostó a una revolución de colores, que derivó en un proceso opuesto de consolidación de la resistencia a la agresión imperial (Escobar, 2026).

Trump esperaba utilizar a sus aliados kurdos de la zona, para impulsar un ataque coordinado desde Azerbaiyán. Pero sus socios percibieron los enormes riesgos de esa incursión, que Irán contrarrestó con dos amenazas simétricas: impulsar una sublevación chiita en Bahréin y acrecentar los operativos de Yemen en el Mar Rojo.

Con esas respuestas, Teherán llegó a la negociación con una posición de fuerza y con el control de la escalada. Continúa afrontando el riesgo de sangrientos ataques aéreos, pero ya anunció que respondería aniquilando toda la infraestructura de los Estados del Golfo.

Esa demolición provocaría, a su vez, una crisis mundial extrema de abastecimiento de gas licuado, fertilizantes y combustibles. La capacidad de exportación de Qatar se encuentra seriamente afectada, los Emiratos perdieron fortunas, Kuwait resignó ventas mayúsculas y Arabia Saudita incumplió contratos.

Irán ha exhibido al mundo su capacidad para bloquear el estrecho de Ormuz, con dispositivos capaces de pulverizar refinerías, campos petroleros y plantas desalinizadoras de toda la península arábiga. Actúa con proporcionalidad y con respuestas equiparables a los golpes recibidos.

Con su manejo del estrecho ilustró el alcance de esa reacción en el plano económico. Irán definió cuáles son los barcos que atraviesan Ormuz y recolectó significativas sumas de dinero con el peaje de esa administración.

LOS EFECTOS DE UNA DERROTA

Trump es un criminal que amenazó con perpetrar en Irán el mismo de genocidio que consumó su socio Netanyahu en Gaza. Ese tipo de matanzas demolió en tiempo récord, la autoridad, el prestigio y el poder simbólico internacional de Estados Unidos (Majfud, 2026).

El magnate actuó con la típica exasperación de los emperadores decadentes. Por eso adoptó el método israelí de asesinar a los líderes del campo opuesto, sin notar las adversas consecuencias de una práctica terrorista, que obstruye cualquier negociación o estrategia de mediano plazo.

En su desesperación, Trump sugirió que podría provocar una catástrofe en Irán, semejante a la perpetrada por su antecesor Bush en Irak. Pero eludió ese demoledor curso y optó por negociar una retirada que ya tiene efectos geopolíticos mayúsculos. El magnate intentará gestionar esa adversidad con más bravuconadas y desplantes. En lugar de asumir una derrota superior a la padecida por Biden en Afganistán, disimulará el revés con alguna de sus conocidas incoherencias. Pero ninguna mascarada anulará los efectos del triunfo iraní.

Ese éxito impactará, ante todo, sobre las dinastías del Golfo, que ya no comandan simples compañías petroleras. Tienen gran participación en el refinado o la producción de productos petroquímicos y plásticos y son propietarias de empresas marítimas, oleoductos y estaciones de servicio. Todas mantienen una estrecha y privilegiada relación con Estados Unidos, pero han afianzado su intercambio comercial con China. Además. su incidencia política es mayor que en el pasado, tanto en Medio Oriente como en África y rivalizan entre ellas en múltiples negocios (Hanieh, 2026).

Esas monarquías han percibido, por primera vez, la impotencia de su protector norteamericano y notaron en carne propia su indefensión frente a los misiles de Irán. Si negocian con ese contrincante -asumiendo actitudes de mayor autonomía del tutor yanqui- podrían alterar seriamente la dinámica del sistema financiero internacional.

Conviene recordar que la supremacía de la moneda yanqui se asienta en el reciclaje de petrodólares provenientes del Golfo y que cualquier erosión de ese dispositivo, afecta seriamente al reinado mundial del dólar. Por esa razón es tan relevante el novedoso pago en yuanes que Irán impuso a los navíos que cruzan Ormuz.

Por otra parte, la continuidad o resurgimiento del conflicto amenaza desestabilizar nuevamente el precio del petróleo. En esa cotización se concentran los desequilibrios que tanto desesperan a Trump. No pudo contener inicialmente el encarecimiento del combustible con la liberación de las reservas de crudo, ni tampoco con el aflojamiento de las sanciones contra Rusia. El respiro que consiguió imponer con cada tregua de las hostilidades, quedó abruptamente quebrantado con el reinicio de los disparos.

Trump se maneja en un desfiladero, sabiendo que traspasado cierto techo del precio del petróleo, sobrevendrá una recesión de gran impacto sobre el circuito de la economía digital. La gran burbuja financiera que se incuba en ese ámbito receptaría de inmediato ese efecto.

Irán se ha convertido, por lo tanto, en la madre de las batallas geopolíticas actuales. Define quién tendrá supremacía en los corredores de la globalización, que atraviesan su país para abaratar los costos del transporte. Ya están muy avanzadas las rutas que unen a Rusia con India y a China con Turquía, pero como Estados Unidos y su socio israelí llegaron tarde, propiciaron la guerra para imponer otra variante de conexión de Europa con India y Asia. El resultado adverso de esa incursión, potencia ahora la pérdida de gravitación de esa relegada la red que auspicia Occidente (Pont, 2026a).

Trump necesita consolidar el provisorio acuerdo que está intentando con Irán, pero confronta con el ala belicista de su propio gobierno y con la elite guerrera que domina la política exterior de su país. Las provocaciones que cotidianamente perpetra Netanyahu -por delegación de sus padrinos estadounidenses- expresan ese militarismo desenfadado.

Si finalmente se impone alguna variedad de perdurable armisticio -que refleje lo ocurrido en el campo de batalla- Irán ampliará su gravitación en la zona, afectando o neutralizando la presencia militar estadounidense en el Golfo.

Ese retroceso marcaría un salto cualitativo en el declive imperial estadounidense. Las derrotas acumulativas que afronta el Pentágono al cabo de varias décadas, comienzan a madurar, pero ese desenlace depende también del resultado de la guerra que Israel despliega en varios frentes.

LA DESORIENTACION DEL SIONISMO

Trump y Netanyahu lanzaron conjuntamente la guerra contra Irán, pero se han distanciado frente al resultado de ese operativo. Mientras que el magnate busca salir del pantano, su colega israelí -sostenido por los guerreristas de Estados Unidos- exige escalar la agresión.

El mandatario sionista hace valer esa demanda mediante una interminable sucesión de matanzas. Recibe reprimendas diarias desde Washington, pero multiplica igualmente los bombardeos al Líbano, para sabotear las negociaciones con Teherán. Mientras que Trump intenta algún acuerdo que le permita evitar la derrota electoral en noviembre (y la consiguiente perspectiva de su destitución), Netanyahu busca prolongar las guerras, para sortear el juicio por corrupción que lo llevaría a la cárcel (Levy, 2026).

Esa supervivencia político-personal converge con el proyecto expansivo del Gran Israel, que la derecha sionista auspicia con total desenfado. En lo inmediato, intentan repetir en el Líbano los crímenes de Gaza. Propician masacres fronterizas para despoblar a su vecino y abrir el camino hacia la ocupación del sur de ese país.

Sólo la heroica y eficaz resistencia de Hezbollah ha impedido, hasta ahora, la concreción de ese terrorífico proyecto, pero el número de víctimas de los bombardeos sionistas se acrecienta en forma dramática. Más de un millón de personas enfrentan hambrunas y el éxodo se multiplica, en un terrible escenario de sufrimiento y destrucción.

Esa masacre complementa el genocidio en Gaza que persiste sin ninguna pausa. La población de esa localidad se redujo significativamente y desde la concertación del alto al fuego, los muertos se cuentan por centenares. Israel viola con total impunidad ese acuerdo, bloqueado la llegada de víveres y acrecentando las enfermedades, en una localidad con hospitales destruidos y heridos que nadie atiende.

Envalentonados por los crímenes que perpetran en las fronteras Norte y Este, los sionistas se han embarcado también en una gran ofensiva militar para anexar definitivamente Cisjordania, mediante la extensión de los asentamientos y la expulsión de los palestinos que sobreviven en el lugar. El gobierno aprobó una nueva ley de registro de tierras para legitimar ese despojo, forzando el traspaso al Estado israelí de los campos que inmediatamente transfiere a los colonos. Consuma esa confiscación por la fuerza, mientras agrava los padecimientos de los 9.000 presos políticos palestinos que maltrata en sus terroríficas cárceles.

La deriva fascista de Netanyahu es tan explícita, como los disparos de sus gendarmes a los niños, los asesinatos de periodistas, las golpizas a los cristianos y los maltratos a los musulmanes. Israel ha inaugurado un nuevo modelo de guerra, que sepulta la distinción entre civiles y uniformados y convalida las matanzas, anulando cualquier vestigio de protección humanitaria a las víctimas de un conflicto armado.

Ha comenzado a extender también esa criminalidad a la jurisdicción marítima internacional, mediante el asalto a las flotillas que transportan auxilios a la cercada población de Gaza. Recure a la piratería y normaliza el secuestro de militantes fuera de sus fronteras, aprovechando la complicidad de todos los gobiernos del Mediterráneo. Sus voceros difunden videos que ostentan el maltrato a esos activistas, para tantear acciones más virulentas contra los denunciantes del Apartheid israelí. La captura de un convoy de luchadores que intentaba llegar a Gaza a través de Libia, retrata la red mafiosa que ha forjado el sionismo para perpetrar sus matanzas.

Pero la avalancha de protestas en todo el mundo contra Israel no decae y se ha transformado en un sólido movimiento para imponer sanciones a un régimen desacreditado. Las últimas justificaciones del sionismo se han evaporado y nadie esgrime argumentos de alguna consistencia para defender lo indefendible.

Como ya sucedió con Sudáfrica en el pasado, el status internacional de Israel se degrada a un ritmo vertiginoso, con artistas, deportistas e intelectuales que repudian su conducta criminal. En el mundo, los hijos de Gaza están ganando la batalla política y moral contra su opresor, enarbolando las banderas palestinas que irrumpen en incontables acontecimientos de relevancia global. Esa indignación colectiva impacta sobre la propia sociedad israelí, que percibe ese rechazo sin poder asumirlo.

EL EXPANSIONISMO EN APRIETOS

La violencia extrema que despliega Israel obedece al modelo colonial, que desenvuelve para expulsar a los palestinos de sus tierras y expandir los asentamientos con población inmigrante. Ha forjado el país con ese dispositivo de exterminio y por esa razón no puede contener el ímpetu criminal del sionismo. Tal como ocurrió en el pasado con otros esquemas de ese colonialismo (Estados Unidos, Canadá, Australia), los residentes locales no son explotados, sino aniquilados por los nuevos ocupantes.

Israel surgió con esa terrorífica performance y se consolidó recurriendo a una sucesión de guerras, para consumar la limpieza étnica de la población nativa. Buscó tornar invisible la propia existencia nacional de ese conglomerado y montó la falacia de los “Dos Estados”, para encubrir su apoderamiento de las tierras palestinas (Katz, 2026: 31-46).

Netanyahu implementa en forma extrema esa política. Carga con todos los apelativos imaginables. Es derechista, fascista, criminal y genocida, pero lleva adelante el mismo proyecto sionista de sus antecesores. El alocado belicismo que despliega obedece a un cimiento colonial, que exige guerrear todo el tiempo para consolidar y expandir las fronteras.

Pero Israel siempre complementa ese interés específico, con su rol de instrumento del imperialismo norteamericano en la región. Inauguró ese papel hace varias décadas, para socavar los proyectos progresistas de unidad árabe y se transformó en un apéndice del Pentágono. Opera como un brazo extendido de Estados Unidos y no solo como exponente del lobby sionista (AIPAC) de ese país. Desenvuelve un papel coimperial en la estructura interna del poder estadounidense y ha cumplido con todos los mandatos de la Casa Blanca para remodelar Medio Oriente, con guerras destinadas a garantizar el control estadounidense del petróleo y las rutas comerciales (Katz, 2026: 63-76).

Cuando Israel emprende operativos en África (invención y reconocimiento de Somalilandia) o en América Latina (idilio con Milei), actúa fuera de su estricta zona de influencia por mandato de la Casa Blanca.

Es importante recordar esa jerarquía en el funcionamiento del imperialismo, para evitar la frecuente presentación de Trump como un instrumento de Netanyahu. Esa imagen contrasta con la evidente supremacía de la principal potencia del planeta sobre su pequeño subordinado. En todo caso, los importantes conflictos que oponen al mandatario sionista con su par estadounidense, expresan tensiones internas del poder norteamericano. Como Israel ha sido integrado a esa estructura, sus voceros reflejan las tendencias y controversias imperantes en toda esa configuración.

Por su dependencia del padrinazgo yanqui, el Estado sionista no podría sostener ni un minuto sus incursiones bélicas, sin el aprovisionamiento norteamericano. Pero la inclinación de Netanyahu a guerrear en siete frentes, conduce a una insostenible sobre expansión militar de Israel (Crooke, 2026).

El principal escollo actual del sionismo proviene de Irán. No solo la victoria persa en el Golfo constituye una contundente derrota para Tel Aviv, sino que por primera vez Teherán demostró capacidad de daño directo, mediante los misiles que impactaron en Israel. Los líderes de ese país ya admiten que las corazas defensivas fueron neutralizadas y esa vulnerabilidad cambia los datos del conflicto.

Irán podría bombardear seriamente a su adversario y nadie avizora respuestas efectivas frente a esa andanada. Teherán ha comenzado a disparar como respuesta a los bombardeos que sufre el Líbano y de esa forma introduce un inesperado dispositivo de disuasión a la criminalidad sionista.

EL ENSAYO COLONIAL EN PROBLEMAS

El fracaso de la agresión a Irán, socava la viabilidad del plan que propicia Trump para consolidar la ocupación israelí de Gaza, transformando ese mini territorio, en un nuevo experimento colonial.

La denominada Junta de Paz que el magnate promueve para ese enclave consagra la continuidad del genocidio. El futuro de ese campo de concentración es debatido en la Casa Blanca, en medio de bombardeos y asesinatos de los sobrevivientes. Lejos de considerar algún tipo de reconstrucción al servicio de sus habitantes, los trumpistas proponen erigir edificios de lujo y playas para un turismo de élite, sobre las cenizas de los 70.000 ultimados por el ejército sionista.

La Junta de multimillonarios, depredadores y genocidas que gestionaría ese emprendimiento, concibe inversiones circunscriptas a ese balneario, presuponiendo que el grueso de la población gazatí quedará alojada en campos de refugiados distantes de la costa (Abunimah, 2026).

Trump se autodesignó presidente vitalicio de la Junta y administrará ese enclave con su compinche Tony Blair. Propone un modelo de gestión semejante a la Compañía Inglesa de las Indias Orientales, que en el debut del capitalismo gestionaba los territorios conquistados por Gran Bretaña con ejércitos y funcionarios propios. Ya fijó una cuota de ingreso, para todos los participantes de esa conversión de Gaza en un territorio íntegramente privatizado. Proyecta ensayar allí los enclaves ultra coloniales que la ultraderecha promueve para otras regiones del planeta.

Los palestinos no figuran en ningún renglón de esa iniciativa. Las elecciones son tan descartadas, como cualquier atisbo de administración propia y la vieja formalidad de sugerir algún futuro Estado palestino ha quedado totalmente sepultada. El “plan de paz” solo pretende el desarme de Hamas y la anulación de cualquier fuerza policial de los propios gazatíes. Un tecnócrata decorativo de origen palestino -cooptado por la burocracia de Washington- sería el único representante de esa comunidad, en la gestión de un dispositivo colonial emparentado con el imperante en Kosovo.

Pero el engendro no puede despuntar sin la explícita complicidad del vecindario árabe. Como requiere algún tipo de aval de Egipto y Arabía Saudita, Trump auspicia la creación de una fuerza militar de 10.000 soldados integrados por los países de la región. Si esa legión se efectiviza como custodio cipayo del enclave, quedaría reabierto el sendero para relanzar los Acuerdos Abraham, que Washington promueve para comprometer a Arabia Saudita en una alianza de largo plazo con Israel.

La negociación de ese convenio quedó empantanada con el genocidio de Gaza, las guerras de Netanyahu contra sus vecinos y el fracaso de la incursión imperialista contra Irán. La derrota que están sufriendo Israel y Estados Unidos en esta última contienda torna más impracticable su concreción. Los déspotas sauditas y los emires del Golfo no parecen dispuestos a rifar sus negocios, en la aventura de un nuevo sometimiento a Trump y Netanyahu.

El emprendimiento colonial de Gaza afronta otro obstáculo de la misma relevancia por el juego de Turquía. Las ambiciones subimperiales neootomanas chocan en varios terrenos con el expansionismo coimperial de Israel. Existe, ante todo, una seria disputa por los recursos gasíferos del Mediterráneo que las dos subpotencias aspiran a manejar.

Los sionistas ya expropiaron la porción de esos yacimientos que le correspondía a los gazatíes y han establecido una alianza con Grecia y Chipre, para controlar las exploraciones energéticas de las aguas en disputa. Turquía exige su parte, e inscribe esa demanda en una estrategia para montar tres corredores logísticos de abastecimiento y comercialización del combustible (Pont, 2026b). La ultraderecha israelí pone el grito en el cielo y algunos avizoran una tensa rivalidad entre los dos países, que ya despunta en las áreas de Siria bajo control de ambos ejércitos.

El fracaso de Trump en Irán ha erosionado también el sostén de sus aliados al proyecto colonial de Gaza. Sólo vasallos de menor porte como Milei de Argentina, proclaman su ciega adhesión a ese emprendimiento personal del magnate y sus allegados. La mayoría de los gobiernos asumen una descomprometida postura de observadores (México, Rumanía, Italia, República Checa) o reclaman la presencia palestina y la supervisión de las Naciones Unidas (Brasil).

Pero Trump encara su ensayo de dominación de Gaza retomando los viejos mandatos coloniales de la Liga de las Naciones. Pretende arrebatar competencias a la ONU y desafiar el funcionamiento del Consejo de Seguridad, para instaurar un primer esquema de remodelación geopolítica afín a su proyecto imperial.

El problema radica en el total desajuste de esa ambición con la realidad. Los fracasos bélicos frente a Irán ilustran esa fractura. Si el magnate queda definitivamente humillado por Teherán, deberá archivar su plan para adueñarse de Gaza. Y ese fracaso asumirá dimensiones mucho mayores, si el otro conflicto de alcance global que se desenvuelve en Ucrania, transita por carriles adversos para Estados Unidos. En el próximo texto analizaremos esta última confrontación.

17-6-2026

RESUMEN

La derrota de Estados Unidos marca un punto inflexión en su dominación imperial de la región, que ya se verifica en la negociación del armisticio. Con importantes innovaciones bélicas, Irán propinó múltiples reveses a su agresor. Ha quedado tan dañada la presencia del Pentágono en el Golfo, como el dispositivo del petrodólar. Israel boicotea cualquier acuerdo, pero afronta un fulminante desprestigio internacional, cuando su coraza defensiva ha sido quebrantada por los misiles de Irán y tambalea el ensayo ultra colonial en Gaza.

REFERENCIAS

-Poch de Feliu, Rafael (2026) Irán está ganando https://rafaelpoch.com/2026/03/17/iran-esta-ganando/

-Escobar, Pepe (2026). La operación secreta que nadie ve, https://www.uypress.net/Internacionales/Iran-y-la-operacion-secreta-que-nadie-ve-uc149659

-Majfud, Jorge (2026). El emperador decidido a acabar con su imperio

https://rebelion.org/autor/jorge-majfud/

Hanieh, Adam (2026). Capital fósil e imperialismo https://sinpermiso.info/textos/capital-fosil-e-imperialismo-entrevista-con-adam-hanieh

-Marco del Pont, Alejandro (2026a) La guerra de los corredores: el modelo de globalización del siglo XXI https://rebelion.org/la-guerra-de-los-corredores-el-modelo-de-globalizacion-del-siglo-xxi/

-Levy, Gideon (2026). La guerra en Irán es el fracaso de la vida de Netanyahu, y es mucho peor que el 7 de octubre https://elordenmundial.com/entrevista-gideon-levy-israel-guerra-netanyahu/

-Katz Claudio (2026). La Epopeya palestina, Batalla de Ideas, Buenos Aires.

Crooke Alastair (2026). La guerra con Irán redefine la geopolítica mundial https://www.youtube.com/watch?v=iW2ruiJrQlU

-Abunimah, Ali (2026). La Junta de la Paz de Trump: multimillonarios, compinches y genocidas https://www.resumenlatinoamericano.org/2026/01/23/palestina-la-junta-de-la-paz-de-trump-multimillonarios-compinches-y-genocidas

Marcó del Pont, Alejandro (2026b). Turquía, el juego de las tres dimensiones https://rebelion.org/turquia-el-juego-de-las-tres-dimensiones/

1Economista, investigador del CONICET, profesor de la UBA. Su página web es: www.lahaine.org/katz