La democracia en el socialismo
En tercer lugar, frente al fracaso histórico de las corrientes mayoritarias del movimiento obrero, es decir, por una parte, el hundimiento poco glorioso del pretendido socialismo real –heredero de 60 años de estalinismo- y, por otra, de la sumisión pasiva (en caso de que no sea una adhesión activa) de la socialdemocracia a las reglas neoliberales del juego capitalista mundial, la alternativa que representaba Rosa Luxemburg, es decir: un socialismo a la vez auténticamente revolucionario y radicalmente democrático, aparece más pertinente que nunca.
En tanto que militante del movimiento obrero en el Imperio zarista –creó el Partido Social-demócrata de Polonia y Lituania, afiliado al Partido obrero socialdemócrata ruso-, criticó las tendencias desde su punto de vista demasiado autoritarias y centralistas, de las tesis defendidas por Lenin antes de 1905. Su crítica coincidía en este punto con la del joven Trotsky en Nuestras tareas políticas (1904).
Al mismo tiempo, en tanto que dirigente del ala izquierda de la socialdemocracia alemana, se batió contra la tendencia de la burocracia sindical y política y de las delegaciones parlamentarias a monopolizar las decisiones políticas. La huelga general rusa de 1905 le pareció un ejemplo a seguir en Alemania: tenía más confianza en la iniciativa de las bases obreras que en las sabias decisiones de los órganos dirigentes del movimiento obrero alemán.
Enterándose en la cárcel de los acontecimientos de Octubre de 1917, se solidarizó de inmediato con los revolucionarios rusos. En un folleto sobre la Revolución rusa escrito en prisión en 1918, que sólo se publicó (1921) tras su muerte, saludó con entusiasmo este gran acto emancipador histórico y rindió un caluroso homenaje a los dirigentes revolucionarios de Octubre:
"Todo lo que podía ofrecer un partido, en un momento histórico dado, en coraje, visión y coherencia revolucionarios, Lenin, Trotsky y los demás camaradas lo proporcionaron en gran medida. Los bolcheviques representaron todo el honor y la capacidad revolucionaria de que carecía la social democracia occidental. Su Insurrección de Octubre no sólo salvó realmente la Revolución Rusa; también salvó el honor del socialismo internacional".
Esta solidaridad no le impide criticar lo que le parece erróneo o peligroso en su política. Si algunas de sus críticas –sobre la autodeterminación nacional o la distribución de tierras- son muy discutibles y poco realistas, otras, en relación a la cuestión de la democracia, son totalmente pertinentes y de una extraordinaria actualidad. Partiendo de la base de la imposibilidad para los bolcheviques –en las dramáticas circunstancias de la guerra civil y de la intervención extranjera- de crear "por arte de magia, la más bella de las democracias", Rosa Luxemburg llama la atención sobre el riesgo de un deslizamiento autoritario y define algunos principios fundamentales de la democracia revolucionaria:
"La libertad sólo para los que apoyan al gobierno, sólo para los miembros de un partido (por numeroso que este sea) no es libertad en absoluto. La libertad es siempre y exclusivamente libertad para el que piensa de manera diferente. (…) Sin elecciones generales, sin una irrestricta libertad de prensa y reunión, sin una libre lucha de opiniones, la vida muere en toda institución pública, se torna una mera apariencia de la vida, en la que solo queda la burocracia como elemento activo".
Es difícil no reconocer la importancia de este argumento. Unos años más tarde, la burocracia acapararía todo el poder, eliminando de forma progresiva a las y los revolucionarios de Octubre de 1917, que en los años 30 fueron exterminados sin piedad.
Comunismo y comunidad primitiva
En cuarto lugar, el interés de Rosa Luxemburg por la comunidad primitiva es mucho menos conocido y, por ello, vamos a dedicarle una atención especial en este artículo. El tema central de su Introducción a la economía política (manuscrito inacabado publicado por Paul Levi en 1915) es el análisis de lo que ella denomina como sociedad comunista primitiva y su contraposición a la sociedad capitalista mercantil. Es cierto que se trata de un texto incompleto, escrito en prisión hacia 1916 a partir de las notas de su curso de economía política en la escuela del partido socialdemócrata (1907-1914); tenía previstos otros capítulos que no se escribieron o que se perdieron. ¡Pero eso no explica por qué los capítulos dedicados a la sociedad comunista primitiva y su disolución ocupan más páginas de las dedicadas a la producción mercantil, el trabajo asalariado y las tendencias de la economía capitalista tomada en su conjunto!
Esta forma inhabitual de abordar la economía política es probablemente una de las principales razones por las que a este libro no se le ha prestado atención, se le ha relegado o ha sido ignorado por la mayoría de los economistas marxistas e incluso por biógrafos o especialistas en los trabajos de Rosa Luxemburg. Paul Frölich es una de las raras excepciones, así como Ernest Mandel, autor del prefacio a la edición francesa. Por el contrario, Nettl apenas se refiere a él y no ofrece ninguna información o comentario sobre su contenido. En cuando al Instituto Marx-Engels-Lenin-Stalin de Berlín Este, responsable de la edición del texto en 1951, pretende (en su introducción) que se trata de una "presentación popular de los elementos fundamentales del modo de producción capitalista", sin hacer ninguna referencia al hecho de que casi la mitad del libro está en realidad consagrado al comunismo primitivo… 5/. Sin embargo, desde nuestro punto de vista, lo que da valor a este libro es precisamente su visión de las comunidades precapitalistas y su forma crítica y original de concebir la evolución de las formaciones sociales, desde un punto de vista orientado, como diría Walter Benjamin, a cepillar la historia a contrapelo.
¿Cómo explicar el interés de Rosa Luxemburg por las comunidades primitivas? Por una parte, es evidente que en la existencia de estas antiguas sociedades comunistas ve una forma de sacudir e incluso destruir "la vieja noción del carácter eterno de la propiedad privada y de su existencia desde el origen del mundo" 6/. Es debido a la incapacidad de concebir la propiedad comunal y a la incomprensión de todo lo que no se asemeje a la civilización capitalista que los economistas burgueses rechazan obstinadamente reconocer el hecho histórico de las comunidades. Así pues, para Rosa Luxemburg se trata de un elemento de lucha teórica y política sobre un aspecto fundamental de la ciencia económica. Por otra parte, desde su punto de vista, el comunismo primitivo constituye una preciosa referencia histórica para criticar el capitalismo, para poner al descubierto su carácter irracional, reificado, anárquico, y para poner en evidencia la oposición radical entre valor de uso y valor de cambio.
Como lo subraya con razón Mandel en el prefacio, "la explicación de las diferencias fundamentales entre una economía basada en la producción de valores de uso destinados a satisfacer las necesidades de los productores, y una economía basada en la producción mercantil, ocupa la mayor parte de este libro" 7/. Para ella se trata de encontrar y rescatar del pasado primitivo todo lo que pueda, hasta cierto punto, prefigurar el comunismo moderno.
Esta actitud de Rosa Luxemburg no es ajena a una cierta afinidad con las concepciones románticas de la historia, que rechazan la ideología burguesa del progreso y critican los aspectos inhumanos de la civilización industrial/capitalista (de ahí, por lo demás, su interés por el trabajo de un economista romántico como Sismondi). Mientras que el romanticismo tradicional aspira a restablecer un pasado idealizado, el romanticismo revolucionario del que Rosa Luxemburg está cercana busca en determinadas formas del pasado precapitalista elementos y aspectos que anticipen el porvenir post-capitalista.
En sus escritos y correspondencia, Marx y Engels ya habían llamado la atención sobre los trabajos del historiador (romántico) Georg Ludwig von Maurer en relación a la antigua comuna (mark) germánica. Al igual que ellos, Rosa Luxemburg estudió con pasión los escritos de Maurer y se maravilló del funcionamiento democrático e igualitario de la Comuna y de su transparencia social: " Es imposible imaginarse algo a la vez más sencillo y más armónico que este sistema económico de la antigua marca germánica. Todo el mecanismo de la vida social aparece con absoluta claridad. Un plan estricto y una sólida organización envuelven aquí la actividad de cada uno integrándolo en el conjunto como una pieza. El punto de partida y el fin de toda la organización son las necesidades directas de la vida cotidiana y su satisfación, pareja para todos" 8/.
Lo que ella valora y pone al descubierto son los elementos de esta formación comunista primitiva que se oponen al capitalismo y que hacen de ella, en cierto grado, humanamente superior a la civilización industrial burguesa. "De modo que hacía dos mil años, y aún antes, en aquella remota antigüedad de los pueblos germánicos de la que la historia escrita no sabe nada todavía, regían condiciones entre los germanos, radicalmente distintas de las actuales.
"No se conocía entonces el Estado con leyes coactivas escritas, la división entre ricos y pobres, dominadores y trabajadores"9/.
Apoyándose en los trabajos del historiador ruso Maxime Kovalevsky (por el que Marx ya se había interesado mucho), Rosa Luxemburg insiste sobre la universalidad del comunismo agrario como forma general de la sociedad humana en una determinada etapa de su desarrollo, que se encuentra tanto entre los Indios de las Américas, los Incas, los Aztecas, como entre los Cabileños, las tribus africanas y los Hindús. El ejemplo peruano le parece especialmente significativo y, ahí también, no puede impedirse sugerir una comparación entre la Marca de los Incas y la sociedad civilizada: "El arte moderno de hacerse nutrir exclusivamente por el trabajo ajeno y hacer del ocio propio atributo de dominación, aún era extraño a la esencia de esta organización social en la que la propiedad común y la obligación general de trabajar constituían costumbres populares profundamente arraigadas". También manifiesta su admiración por "la fantástica tenacidad del pueblo indio y de los mecanismos de la comunidad de marca considerando que se han conservado restos de ambos, pese a todo, hasta el siglo XIX"10/. Una veintena de años más tarde, el eminente pensador marxista peruano José Carlos Mariátegui adelanta un punto de vista que presenta coincidencias impresionantes con las ideas de Rosa Luxemburg (de la que sin duda ignoraba sus observaciones sobre el Perú): el socialismo moderno debe apoyarse en las tradiciones indígenas que remontan al comunismo Inca, para ganar a su lucha a las masas campesinas.
Ahora bien, en este ámbito el autor más importante para Rosa Luxemburg –como para Engels en El origen de la família– es el antropólogo americano L. H. Morgan. Inspirándose en su obra clássica (Ancient Society, 1877), va más lejos que Marx y Engels y desarrolla toda una visión espectacular de la historia, una concepción innovadora e intrépida de la evolución milenaria de la humanidad, en la que la civilización actual "con su propiedad privada, su dominación de clase, su dominación masculina, su Estado y su matrimonio coercitivo" aparece como un simple parêntesis, una transición entre la sociedad comunista primitiva y la sociedad comunista del futuro. La idea romântico/revolucionaria de la relación entre el pasado y el futuro aparece aquí de forma explícita: "La noble tradición del lejano pasado extendió así la mano a los esfuerzos revolucionarios del futuro, el círculo del conocimiento se cerró armónicamente y, desde esta perspectiva, el mundo actual de la dominación de clase y de la explotación, que pretendía ser la totalidad de la cultura, la meta más alta de la historia mundial, se mostró simplemente como una etapa diminuta y pasajera de la gran marcha hacia adelante de la humanidad" 11/.
Desde esta perspectiva, la colonización europea de los pueblos del Tercer Mundo le parece fundamentalmente una actividad socialmente destructiva, bárbara e inhumana; como es el caso, sobre todo, de la ocupación inglesa de las Indias, que saqueó y desintegró las estructuras agrarias comunistas tradicionales, con consecuencias trágicas para el campesinado. Rosa Luxemburg comparte con Marx la convicción que el imperialismo aporta progreso económico a los países colonizados, si bien lo hace a través de "los infames métodos de una sociedad de clases" 12/.
