La teoría clásica del imperialismo (III)

Selección de notas y artículos.

"El imperialismo del siglo XXI" (Capítulo I – Parte III):
Claudio Katz (especial para ARGENPRESS.info)

El sentido de la polémica

La discusión sobre los intereses en juego en las acciones imperiales dividía en forma categórica a los marxistas de esa época. Aunque Lenin reconocía el carácter lucrativo de la guerra para los financistas y fabricantes de armas, resaltaba la dinámica estructuralmente militarizada del capitalismo. Consideraba que las conflagraciones eran el mecanismo utilizado por los poderosos para zanjar sus principales diferendos. Esos enfrentamientos dirimían, además, las relaciones de fuerza y reabrían la expansión económica. La guerra cumplía una función depuradora de los capitales obsoletos.

Luxemburg presentó otra explicación del mismo diagnóstico. Describió cómo el imperialismo servía para descargar los sobrantes invendibles en las metrópolis. Las dificultades para vender esos productos (y asegurar la consiguiente realización de la plusvalía), forzaba la búsqueda de mercados adicionales en la periferia. La conquista de estas regiones aportaba una válvula de escape a los desajustes creados por ritmos de acumulación superiores a la capacidad de consumo de la población. (5)

Otras interpretaciones convergentes ponían el acento en las contradicciones creada por la internacionalización del capital. Trotsky sostenía que el sistema había alcanzado a principio del siglo XX una dimensión mundial, que desbordaba los marcos vigentes para el desenvolvimiento de las fuerzas productivas. Esa estrechez de las economías nacionales forzaba una sucesión de expansiones externas, que terminaban en conflictos armados. (6)

Todos estos enfoques resaltaban en común las causas objetivas de la guerra. Cuestionaban la reducción socialdemócrata del problema a una conspiración de los bancos y la industria militar. Destacaban que esa simplificación omitía el generalizado compromiso de los principales sectores de las clases dominantes con la acción imperial.

Lenin fue el principal vocero de estas posturas y su texto resumía el programa de todas las vertientes de la izquierda frente a la guerra. El escrito subrayaba que los enfrentamientos bélicos expresaban contradicciones, que el capitalismo no podía regular. Por esta razón objetaba la propuesta de desarme, señalando que la paz debía conquistarse, junto a una lucha popular simultánea por la erradicación de la explotación.

Esta visión criticaba la búsqueda de concertaciones y equilibrios entre las potencias, que promovía Kautsky, resaltando el carácter coercitivo del capitalismo. Recordaba que las burguesías necesitaban ejércitos, marinos y cañones para imponer tratados de libre-comercio, forzar el cobro de las deudas y garantizar los réditos de la inversión externa.

Lenin intentaba presentar una caracterización política completa de las fuerzas en pugna. No sólo distinguía dos bloques de agresores y agredidos, corporizados en los capitalistas y los trabajadores. También llamaba la atención sobre las diversas formas de opresión nacional, que generaba la belicosidad imperialista en la periferia. En oposición la expectativa de Kaustky de avanzar hacia una paulatina distensión en estas áreas, proponía extender la resistencia contra la guerra a todo el universo colonial.

El líder bolchevique destacaba la existencia de dramáticas conversiones de antiguas víctimas en nuevos victimarios imperiales. Alemania ya no libraba guerras defensivas contra el expansionismo ruso, sino que actuaba como potencia ocupante de regiones vecinas. El registro de estos cambios era vital para impugnar las justificaciones de la belicosidad germana, con falsos enunciados de soberanía.

Lenin escribió su folleto en un terrible escenario de inmolación popular al servicio de lucro. El tono virulento del texto refleja la conmoción que suscitaba esa masacre. Es importante recordar ese contexto omnipresente de la guerra, para comprender la función política del libro y registrar en este marco los problemas teóricos en juego.

¿Asociación o rivalidad?

Kaustky concibió su propuesta de desarme como parte de un proyecto de desenvolvimiento pacífico del capitalismo. Consideraba que ese proceso sería factible, si los grupos capitalistas de los principales países concertaban una asociación “ultra-imperialista”.

Estimaba posible erradicar la amenaza guerrera, conformando una red multinacional de empresas, que actuarían en común en áreas específicas. Kautsky resaltaba el interés de muchas fracciones burguesas por realizar negocios conjuntos, que superaran las viejas rivalidades. Pensaba que las conflagraciones inter-imperialistas bloqueaban esa convergencia y propugnaba la erradicación de esa traba, mediante una neutralización de la carrera armamentista. (7)

El líder socialdemócrata deducía esa posibilidad de la preeminencia alcanzada por las grandes corporaciones. Si se evitaba la guerra, la nueva red de alianzas conduciría a federaciones políticas, que consolidarían un nuevo cuadro de tolerancia internacional y negocios asociados.

Lenin rechazó esa tesis de manera contundente. Consideró que la teoría del “ultra-imperialismo” era un “ultra-disparate”, basado en la falsa expectativa de alianzas permanentes, entre capitalistas de distinto origen nacional. Para el líder bolchevique esa concertación era una burda fantasía. Estaba concebida a partir de razonamientos abstractos, que presuponían escenarios económicos inviables.

La principal objeción que Lenin interponía a ese modelo era la naturaleza conflictiva del capitalismo. Para el dirigente ruso el modo de producción vigente estaba sujeto a un desarrollo desigual, que multiplicaba los desequilibrios e intensificaba las contradicciones. Estimaba que las tensiones se acumulaban con la expansión del sistema, impidiendo la concreción de asociaciones empresarias estables. Pensaba que los acuerdos ultra-imperiales eran tan impracticables, como la disipación de la competencia militar. (8)

Pero Lenin no expuso este argumento de forma genérica. Lo refería a la coyuntura bélica que imperaba al comienzo del siglo XX. La presión hacia la colisión militar era tan fuerte, que tornaba imposible la constitución de las compañías multinacionales.

Lenin registraba cuál era la tendencia geopolítica predominante en ese momento, aplicando el realismo que signó toda su acción política. Percibía claramente el agotamiento del período de alianzas que había prevalecido durante la etapa precedente. Observaba que en el nuevo siglo, la competencia asfixiaba los compromisos y el proyecto ultra-imperial sucumbía, ante la inminencia de la guerra. Kautsky había perdido el olfato básico para captar este contexto.

El análisis de Lenin estaba específicamente referido a esa coyuntura. No desconocía, ni objetaba la existencia de tendencias asociativas entre los distintos grupos capitalistas. Incluso postulaba una teoría del monopolio que resaltaba la intensidad de las concertaciones, los pactos de caballeros, las coaliciones y los acuerdos secretos, entre los principales grupos de financistas e industriales.

Esos compromisos eran explícitamente reconocidos como una tendencia dominante. Pero Lenin restringía su viabilidad a las firmas y los bancos del mismo origen nacional. Esta caracterización se basaba en una minuciosa lectura de los datos de la época. Las concertaciones eran numerosas, pero sólo incluían acuerdos entre capitalistas norteamericanos, alemanes, franceses o ingleses. No se extendían a los entrelazamientos multinacionales.

Para Lenin esta combinación de acuerdos nacionales y disputas internacionales era un rasgo predominante del capitalismo. Consideraba que a principios del siglo XX, la internacionalización de la economía no se extendía a la gestión global de este proceso y estimaba que el choque entre ambas tendencias inducía a la guerra. Al igual que Bujarín destacaba la fractura creada por capitales que cruzaban las fronteras y estados que se retraían hacia la administración cerrada, para proteger territorios, mercados y materias primas. La expansión global chocaba con esta restricción, generando batallas inter-imperiales por el reparto del mundo. (9)

Esta interpretación reconocía la creciente gravitación de las asociaciones capitalistas, pero restringía su alcance al ámbito nacional. La tendencia a la internacionalización que subraya Kautsky era aceptada en ciertas áreas restrictivas (migraciones, circulación de capital), pero desechada como curso prevaleciente del capitalismo.

Este enfoque remarcaba la gravitación de las presiones nacionalizadoras en todas las actividades centrales de la producción, las finanzas y el comercio. El impulso globalizador era neutralizado por las fuerzas que estimulaban el repliegue de los cuerpos nacionales y la conformación de bloques competitivos. Esta autarquía bloqueaba la internacionalización, potenciaba el gasto militar y generalizaba las conflagraciones bélicas. (10)

La crítica de Lenin al ultra-imperialismo de Kaustky se inspiraba, por lo tanto, en un análisis concreto del capitalismo de ese período. Resaltaba el predominio de la rivalidad sobre la asociación internacional, mediante un registro de las evidencias de ese momento. Observaba en la coyuntura bélica una confirmación de las tendencias al choque, en desmedro de las presiones hacia la concertación.

Este mismo razonamiento utilizó Lenin para remarcar la primacía de la crisis sobre la prosperidad, en el debut de la prolongada turbulencia de entre-guerra. El líder bolchevique no le asignaba a las regresiones económicas un carácter absoluto, como lo prueba su polémica con los populistas en torno al desarrollo capitalista de Rusia.

En oposición a los teóricos narodnikis -que descalificaban la posibilidad de ese desenvolvimiento- Lenin detallaba todas las áreas de potencial expansión del capitalismo, en la atrasada economía rusa. Todos sus diagnósticos estaban invariablemente referidos a situaciones, contextos y momentos específicos. (11)

La polémica contra el ultra-imperialismo estaba condicionada por ese escenario. Su objetivo era cuestionar las terribles consecuencias políticas de un diagnóstico irrealista y un razonamiento asustadizo, que negó primero la inminencia de la guerra y desconoció posteriormente los efectos de esa matanza.

Notas:
5) Luxemburg, Rosa, La acumulación del capital. Editorial sin especificación, Buenos Aires, 1968, (cap 25, 26, 27). Luxemburg Rosa “Perspectives and Projects”, Classical Analyses of Imperialism, 1915, Discovering Imperialism: Social Democracy to World War I" (Brill, forthcoming)
6) Trotsky León, Tres concepciones de la revolución rusa. Resultados y perspectivas, Editorial El Yunque, Buenos Aires, 1975.
7) Kautsky Karl, “Imperialism”, september 1914, New Left Review, n 59, 1970, London.
8) Lenin Vladimir, “Prólogo”, Bujarin Nikolai, La economía mundial y el imperialismo, Pasado y presente n 21, Buenos Aires, 1971.
9) Bujarin Nikolai, El imperialismo y la acumulación de capital, Tiempo Contemporáneo, Buenos Aires, 1973, (cap 5).
10) Bujarin Nikolai, La economía mundial y el imperialismo, Pasado y presente n 21, Buenos Aires, 1971.
11) Lenin Vladimir, El desarrollo del capitalismo en Rusia, Editorial Ariel, Barcelona 1974.

Claudio Katz es economista, investigador y profesor. Miembro del EDI (Economistas de Izquierda).

Ver también:
– "El imperialismo del siglo XXI" (Capítulo I – Parte II): La teoría clásica del imperialismo
– "El imperialismo del siglo XXI" (Capítulo I – Parte I): La teoría clásica del imperialismo