Contra la razón populista. La vía muerta de Ernesto Laclau

La artimaña de la razón postmarxista

En el fondo del problema encontramos la posición «ontológica» fundamental de Laclau, que simboliza su giro postmarxista, según el cual todo pensamiento de la objetividad social, que le confiera una estructura interna contradictoria (por consiguiente, transformable) sería sinónimo de postulados «fundamentalistas», incompatibles con la dimensión constitutiva de las articulaciones simbólicas y políticas. A esta concepción, que se supone que el marxismo comparte con otras corrientes de pensamiento, se opone la tesis según la cual «el antagonismo no es inherente a las relaciones de producción sino que se establece entre las relaciones de producción y una identidad que le es exterior» 43/. Curiosamente, esta concepción de las relaciones de producción como ajenas al antagonismo lleva a Laclau a acusa al marxismo de querer «derivar[la coherencia del capitalismo en tanto que formación social] de su propia lógica endógena», ella misma «fruto del análisis lógico de las contradicciones implícitas de la forma-mercancía» 44/. Esta extravagante acusación –sería muy difícil encontrar un solo análisis marxista, incluso los más economicistas vulgares, que pretenda derivar la dominación de clase en el seno de una formación social de un simple análisis lógico-dialéctico de las formas más abstractas del modo de producción- sirve aquí de cortafuegos a una aporía interna a su propia construcción: su incapacidad para pensar los movimientos hegemónicos enfrentándose a lo que Laclau reconoce sin embargo como una «evidencia»; a saber, que la «centralidad de la economía… es el resultado del hecho evidente de que la reproducción material de la sociedad repercute más que otras instancias sobre los procesos sociales» 45/. «Hecho evidente» pero sin embargo impensado. Sin duda, he aquí por qué el «nombre de los nombres» que debía otorgar la clave de la racionalidad política, es decir el «pueblo», a fin de cuentas no tiene ninguna justificación. Porque, una de dos: o bien el pueblo marca un tipo de positividad proteiforme, garantizando un tipo de permanencia a el mismo de la substancia «popular», solución rechazada por Laclau –a pesar de sus repetidos guiños a términos como el de «plebe» o «desposeídos»- porque contraviene al «anti-fundamentalismo» de principio; o bien, como lo afirma explícitamente, estamos ante una discontinuidad entre configuraciones subjetivas absolutamente singular 46/, cuyo único elemento común está en la continuidad del nombre que se le otorga por el hecho de constituirlos en sujetos de la política. Lo que significaría que el nombre de «pueblo» constituye un elemento común, el único pero en un sentido puramente formal, de la subjetivación política moderna tal como emerge de la Revolución francesa a la Gran Marcha, de Octubre del 17 al peronismo, del comunismo occidental del período de los «Treinta Gloriosos» a los movimientos de extrema derecha actuales. Afirmación de la que lo menos que se puede decir es que resulta difícil a demostrar… Por lo tanto, no es por azar que el libro que teoriza la «razón populista» se contente de enumerar con premuera «ejemplos» concretos, rápidamente yuxtapuestos, sin detenerse demasiado en el análisis de situaciones específicas y de las verdaderas secuencias históricas.

La dificultad de esta elaboración para dar cuenta de su propia posición, en otros términos, su déficit reflexivo y de contenido crítico, se muestra de forma clara. En efecto, unas veces Laclau pretende que lo único que hace él es «describir» las demandas, proponer una «tipología» de los procesos políticos autorreferenciales, contingentes y singulares; otras, recurre lo que se habría que calificar de intento de determinación de los procesos en cuestión por tendencias atribuidas a la evolución social; es decir, a una forma de objetividad preexistente a las operaciones discursivas de constitución de lo social 47/. Así pues, se plantea la cuestión de la coherencia de las críticas dirigidas al marxismo. Porque una de dos: o el marxismo está superado, sin más, en tanto que teorización correcta de un momento histórico ya superado, el de una sociedad «más homogénea» que la que vivimos actualmente 48/, o está viciado de «fundamentalismo» desde el principio, porque se basa en una ontología social errónea (reductora, determinista, teleológica, etc.).

Cierto, se puede decir que Laclau jamás ha negado «una efectividad histórica a la lógica de las posiciones estructurales diferenciadas» contentándose con diferenciarla de la idea de una «infraestructura que puede determinar, por ella misma, las leyes del movimiento de la sociedad» 49/. Pero, en ese caso ¿cómo relacionamos la «ontología social» centrada en el discurso que sirve de base para todo el enfoque de este bosquejo alusivo a la teoría del cambio histórico? En efecto, Laclau parece admitir que es el «capitalismo globalizado» la «etiqueta sobre la que se pueden subsumir… las condiciones interdependiente» que son «la causa del desplazamiento del equilibrio creciente a favor de la heterogeneidad [social]» 50/. Y continúa señalando que «no podemos comprender el capitalismo como una realidad puramente económica, sino como un complejo en el que las determinaciones políticas, militares, tecnológicas y otras, cada una de ellas con su propia lógica y una cierta autonomía, forman parte del movimiento de conjunto. En otros términos, la heterogeneidad forma parte fundamental del capitalismo» 51/. Una tesis nada original y que lleva, para citar un comentario hecho por Marc Saint-Upery a «plantearse si realmente teníamos necesidad de toda esta maquinaria teórica para llega a conclusiones tan poco impresionantes» 52/.

Este recurso, en apariencia paradójico, a una «ontología» de lo social tan trivial como incompatible con la razón (de ser) populista no se puede comprender mas que como un intento de dar contenido, una apariencia de concreción, a categorías que han naufragado en una mala abstracción. Por una inversión irónica final, es una especie de «marxismo espectral», de una variante particularmente evolucionistas e historicista; en dos palabras: un marxismo «vulgar» en el preciso sentido que Marx calificaba de «vulgar» la economía política que sucedió a los «clásicos», que vienen a abrazar un «postmarxismo» empeñándose en liquidar la idea misma de la revolución.

24/06/2019

Contre la raison populiste. Les impasses d’Ernesto Laclau

Traducción: viento sur

Notas:

1/ Cf. Su primer libro fue publicado en inglés: Politics and Ideology in Marxist Theory, New Left Books, Londres, 1977 – reedición Verso, Londres & New York, 2011.

2/ Cf. respectivamente Ellen Meiksins-Wood, The Retreat from Class. A New « True » Socialism, Verso, Londres & New York, 1986 y Norman Geras, Discourses of Extremity. Radical Ethics and Post-Marxist Extravagances, Verso, Londres & New York, 1990. Cf. También la respuesta de Laclau y Mouffe, «Post-Marxism Without Apologies», New Left Review, I/166, noviembre-diciembre 1987, p. 79-106.

3/ Cf. Sobre todo, Ernesto Laclau, Emancipation(s), Verso, Londres & New York, 2007 (1ª edición 1996).

4/ Ibid. p. 4.

5/ Ibid. P. 17.

6/ Ibid. p. 65.

7/ Judith Butler, Ernesto Laclau, Slavoj Žižek, en Contingencia, Hegemonía, Universalidad. Recordemos que los primeros trabajos de Slavoj Žižek en lengua inglesa fueron publicado en la colección dirigida por Laclau en ediciones Verso y él mismo era citado asiduamente como lacaniano idiosincrático por las figuras de proa del postmarxismo.

8/ Ernesto Laclau, «Construyendo la universalidad», en Contingencia, Hegemonía, Universalidad, op. cit., p. 292.

<9/ Cf. respectivamente, Ernesto Laclau, «Structure, History and the Political», en Contingencia, Hegemonía, Universalidad, op. cit., p. 206 y «Construyendo Universalidad», ibid., p. 290.

10/ en Contingencia, Hegemonía, Universalidad. 28 : «la ambigüedad, en tanto tal, jamás puede ser resuelta».

11/ Laclau, «Construyendo la universalidad», en en Contingencia, Hegemonía, Universalidad…, op. cit., p. 293 – subrayados míos.

12/ Ernesto Laclau, Chantal Mouffe, Hegemonía y estrategia socialista, , p. 184.

13/ Ernesto Laclau, «Structure, History and the Political», op. cit., p. 186.

14/ Op. cit., p. 65.

15/ Ernesto Laclau, «Identidad y Hegemonía», en Contingencia, Hegemonía, Universalidad…, op. cit., p. 86.

<16/ «Una sociedad democrática no es aquella en la que el mejor contenido domina de forma sin ser cuestionada, sino más bien, una sociedad en la que nada está definitivamente asentado y donde siempre existe la posibilidad del reto», Emancipation(s), op. cit., p. 100.

17/ «Como la sociedad cambia con el paso del tiempo, este proceso de identificación [del significante vacío] siempre será precario y reversible, diversos proyectos o voluntades tratarán de hegemonizar los significantes vacíos de la comunidad ausente. El reconocimiento de la naturaleza constitutiva de esta brecha y su institucionalización constituyen el punto de partida de la democracia moderna», p. 46.

18/ «Quizás podamos decir que actualmente estamos el cabo de la emancipación y al inicio de la libertad», ibid., p. 18

19/ Laclau, «Estructura, Historia y Política», op. cit., p. 208. Žižek ha puesto de relieve el estricto paralelismo con la posición kantiana de la necesaria limitación de las capacidades humanas en tanto que condición positiva de la libertad. Cf. Slavoj Žižek, «Mantener el lugar», en Contingencia, Hegemonía, Universalidad… , op. cit. p. 320.

20/ Emancipation(s), op. cit., p. 121

21/ > Nicos Poulantzas, El Estado, el poder y el socialismo,.

22/ Ernesto Laclau, La razón populista.

23/ Ibid., p. 89.

24/ «Aquí no estamos frente a la «negación determinada» en el sentido hegeliano: mientas que ésta es producto de la positividad aparente de los concreto y que circula a través de contenidos siempre determinados, nuestra noción de la negatividad depende del fracaso en la constitución de cualquier determinación», Emancipation(s), op. cit., p. 14. En este retorcido juego de manos todo sucede como si este fracaso pudiera prescindir de un término en relación al cual se presenta como un fracaso y que le determina.

25/ «No existe intervención política que, en cierta medida, no sea populista… voy a señalar fenómenos aparentemente dispares en el marco de un continuum que permitirá hacer la compasión entre ellos…»ibid., p. 154 et p. 175. «Hay que señalar que el nivel de populismo de una intervención no tiene nada que ver con su contenido o su orientación, sino sólo con la «extensión [alcanzada] por la cadena de equivalencias que unifica las demandas sociales», ibid., p. 154.

26/ «Estas demandas están dirigidas al sistema por desfavorecidos de un espacio u otro y en ellas existe implícita una dimensión igualitaria; su emergencia presupone una forma de exclusión o falta», ibid. p. 125.

27/ Cf. Slavoj Žižek, «A Leninist Gesture Today. Against the Populist Temptation», en Sebastian Budgen, Stathis Kouvelakis, Slavoj Žižek (dir.), Lenin Reloaded. Toward a Politics of Truth, Duke University Press, Durham, 2007, p. 81 y ss.

28/ > La razón populisa,.

29/ Ibid., p. 201-208 et p. 214-222. La forma de insertar el significante nacional en los discursos políticos sirve incontestablemente como revelador de la división más profunda de lo que da a entender el espectro de variaciones internas de una matriz populista».

30/ «Sin embargo, esta experiencia inicial no es simplemente la de una falta. La falta, como lo hemos visto, está relacionada a una demanda no satisfecha. Pero ello implica incluir en la explicación al poder que no ha satisfecha la demanda. Una demanda se dirige siempre a alguien»ibid., p. 85-86.

31/ Cf. El célebre texto de Lenin, «A propósito de las consignas» en Œuvres complètes, t. 25, Editions Progreso, Moscou,1971, p. 198-206,y el comentario indispensable de Jean-Jacques Lecercle, Une philosophie marxiste du langage, Paris, PUF, 2004, p. 94-100.

32/ La razón populista.

33/ Lo que, dicho sea de paso, permite trazar una línea demarcatoria entre el marxista que, sin duda, ha utilizado de forma más empática el término pueblo, Stalin, inventor del sintagma-clave del discurso sociético. «todo el pueblo» (se suponía que el Estado soviético era el de todo el pueblo y no sólo la dictadura del proletariado), y que el pueblo de Lenin, de Gramsci o de Mao, que designa formas políticas de unificación tendencial (y sólo tendencial) subalternas en una configuración dada de contradicciones de clase; p. ej, en una coyuntura.

34/ Emancipation(s), op. cit., p. 31-32.

35/ La razón populista

36/ Ibid.

37/ Ibid.

38/ Ibid.

39/ Ibid.

40/ > Ibid., p. 93.

41/ Ibid., p. 92.

42/ Laclau afirma, por ejemplo, que la ventaja que actualmente detentan las fuerzas de la derecha sobre las de la izquierda se debe a que las primeras se mueven a nivel de un determinado imaginario político, mientras que las segundas están replegadas en un discurso moral sobre derechos, o que la derrota duradera de los Republicanos en EE UU depende de una «reacticulación drástic del imaginario político», ibid. p. 138.

43/ Ibid., p. 149. Subrayado mío.

44/ Ibid., p. 235.

45/ Ibid. p. 237.

46/ «La historia es más bien una sucesión discontinua de formaciones hegemónicas que no se pueden ordenar mas que mediante un relato que transcienda su historicidad contingente», ibid., p. 226.

47/ Cf. Por ejemplo: «vivimos en un terreno histórico en el que la proliferación de puntor de ruptura y de antagonismos exige de manera creciente formas políticas de reagregación», ibid. p. 230 – subrayado mío. Ciertamente, Laclau se apresura a subrayar que no se trata de «lógicas sociales subjacentes sino de actos en el sentido previamente descrito» (ibid.). No es menos cierto que esta tendencia crciente no se puede reducir a la contingencia indeterminadas de actos discontinuos y singulares; de ahí la necesidad de referirse a la categoría «capitalismo» (Cf. También: «el capitalismo mundializado crea una miríada de puntos de r uptura y antagonismo» ibid., p. 150 – subrayado mío) e incluso concluir con esta sorprendente afirmación fundamentalista : «la heterogeneidad pertenece al fundamento del capitalismo» (ibid., p. 230) !

48/ Por ejemplo, en esta formulación: Nuestras sociedades son menos homogéneas que las que fueron formuladas en los modelos marxistas… la disolución de la metafísica de la presencia no es una solo una operación intelectual. Se inscribe profundamente en la experiencia del las últimas décadas» Emancipation(s), op. cit., p. 82.

49/ Ibid.

50/ La razón populista.

51/ Ibid.

52/ Marc Saint-Upery, «Y a-t-il une vie après le postmarxisme ?», Revue Internationale des Livres et des Idées, n° 12, juillet 2009, disponible sur http://www.revuedeslivres.fr/y-a-t-il-une-vie-apres-le-postmarxisme-marc-saint-upery/

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